Domingo 19 Nov 2017
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Acrotera Etrusca PDF Imprimir E-mail

A la fiel arquitectura

de unos ojos rindo culto,

mas no sé si yo les hurto

la belleza en su lisura,

pues es tanta mi locura

y es tanto lo que sostienen,

que no sé por qué retienen

la luz que de mi más brilla

sin una sola rencilla,

¡ah! ¿qué indulto les detienen?

 

Me fascina su sonrisa

de corintio capitel

asomándose al cartel

incólume de la brisa,

de atardeceres sin prisa

conversando por placer.

¡Ay si yo pudiera ser

ese vaso cristalino

para entrar en su destino

donde quedarme y yacer!

Incitado por sus labios

de un románico tardío

no quiero pasar más frío

ni sentir un triste adiós.

Bien lo sabe nuestro Dios

que de esos espesos muros

quiero prender los seguros

amplios goces del amor

y mitigar el dolor

de mis días inseguros.

 

A esa piel que decora

el ábside de su rostro

quisiera llegar mi potro

como un ángel que enamora.

No permitas más demora

a mi deseo encendido.

Que no quede yo vencido

ni atrapado en la derrota.

Deja abierta leve escota

donde encuentre mi sentido.

 

Mar de columnas barrocas

rizan su dorado pelo

confundiendo con el cielo

horizontes de altas rocas.

Quiero engancharme en sus horcas

con mis dedos de almidón

para tocar su razón

de arcano naipe heredero.

¡Que yo no pierda este fuero,

ni este ritmo, ni este son!

 

Ónice para sus manos

fundidoras como el fuego,

darían tabla a este juego

bajo palacios urbanos.

Dame placeres paganos

que supriman el silencio

sobre el mármol del asedio

o en los espacios privados,

íntimos y abovedados

donde no exista el desprecio.

 

Rara cúpula ensamblada

sobre su cuerpo elevado

encierra esencial sagrado

paraíso de callada

voz interna circulada.

Si en tu fanal aprehendido

no hay púlpito ya rendido

para ese grito insolente,

no te preocupe la gente

y emíteme tu sonido.

 

Desde su acrotera etrusca

posición en que establece

todo el honor que merece,

gira su cuello en mi busca.

No sé si acierto en mi glauca

contemplación persistente,

pero yo noto en su frente

el pegaso que me invita

con sus alas de levita

aceptación evidente.

 

En ese sencillo y sobrio

parteluz donde divide

ancho vano que decide

captar luz de mi abalorio,

quiero ser fértil magnolio,

que perfume su aposento

y me devuelva el aliento

del suspiro que enamora.

Trágate en tu mejor hora

todo este olor que yo siento.

 

Letanía lauretana

le canta mi boca humilde

entonada con la tilde

secreta voz en que emana.

Intento ser dócil peana

de ese su busto viviente

para el halago caliente

misterioso que yo auguro.

Quiero ser tu alma y tu muro

en tu escalera pendiente.

 

Cariátide de alabastro

pido ser para su bola

incendiaria que enarbola

acuciante intenso rastro.

Seducido anhelo ese astro

para mis brazos fornidos

donde queden ya dormidos

mi deseo y su figura.

Acóplate a la finura,

arte ovoidal de mis nidos.

 

A esa casual simetría

de los nombres adoptados,

revela por todos lados

frontal iconografía.

Relieve para la vía

hacia el árbol absoluto

donde hallemos impoluto

el sendero más latente.

Que en medio fluya la fuente,

verbena blanca sin luto.

 

Frontón de genial remate

dulcifica su fachada

de espléndido albor marcada

cual corazón en que late.

Si corono como vate

su triangular arquetipo

y me convierto en activo

fiel grafito que le anima,

podré posar en la cima

de su angular más altivo.

 

Exedra de dos asientos

presupone mi discurso.

Que la rica voz al uso

se someta a los eventos

y sojuzgue los intentos

de mi deseo y el tuyo.

Arriésgate en dulce arrullo

con el verbo que convence

y no permitas que piense

e imagine tu murmullo.

 

Gárgola de piedra grave

como el canal más hermoso

de un gótico vigoroso

puedo ser para su nave.

Amo ser el que te salve

del viejo olvido insolente

en el que cae la gente

anónima de la calle.

He de tutelar tu talle

en boato siempre vigente.

 

Albarrana de vigía

es la torre en que yo miro

observando su suspiro.

Ansioso espero ese día

cómplice señal cual guía

en abrigo de mi suerte.

Si te invitase a tenerte

tras mi almena camuflada

donde no hay nadie ni nada,

¿podría yo poseerte?

 

Umbral de pétalos verdes

para sus pies de amapola

pondré al aire que corola

desprotegidas paredes.

Incienso serán mis redes

en su tálamo de fuego

visitadas por el riego

fecundo de mi existencia.

Que se cumpla la vivencia,

pues no retendré mi ruego.

 

Déjame ser contrafuerte

del deífico costado

para sentir que a tu lado

obliga el peso a quererte.

Quiero poder atraerte

como pilar que sustenta

seria fuerza de regenta

posición siempre encomiable.

No vayas a ser variable

por ningún viento o tormenta.

 

Imbricado arco de triunfo

sueño aquí mientras te miro

y ya sé por qué deliro

en mi interno paraninfo.

Es efluvio lo que esnifo

del dosel de tu figura,

mihrab para mi locura

que a los ojos entretienen.

Son pináculos que vienen

al podium de mi cordura.

 

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