Viernes 21 Jul 2017
  • Increase font size
  • Default font size
  • Decrease font size
  • default style
  • blue style
  • red style
  • yellow style
El Alma en los Ojos PDF Imprimir E-mail

Potius sero quam nunquam ( T. Livio )

NOTA INTRODUCTORIA

El "Alma en los ojos" es una recopilación de poemas que dormían plácidamente y que, ahora, por fin, ven la luz después de tanto tiempo. Todos ellos pertenecen a diferentes poemarios escritos entre los años 80 y 90.

 

EL  ALMA  EN  LOS  OJOS

 

Llevo el alma en los ojos

atenta a cualquier resquicio de luz.

Diría que soy igual que un caballo

desbocado

atrapando la existencia.

Nada me calma.

 

Vivir es una frenética carrera

abocada al ágil, fiero desenfreno,

cuya cruenta detención sólo la ejerce

el cotidiano, fulminante desgaste.

 


 

SI CASTIGO TUS OJOS

Si castigo tus hermosos ojos con mis ojos,

si busco tu alma para encontrarla con la mía,

si el deseo me abrasa y te llega mi gran fuego,

comprendo que tengas tal precaución a quemarte;

y admito que huyas buscando el olvido impaciente.

Haces bien en dar alas a tus pies de jacinto

y a tu boca de arrayán muerta de confusión,

pues así prolongas la fe a quien tanto niegas.

 


 

ATRAPADO

Aquí estoy atrapado en el dolor

con mi vieja y mi nueva sed tan honda

desgarrando más y más esta herida.

Sé que dejaré todos los jirones

de mi pálida castigada piel

en tu marmórea fría escalinata

y que mi sangre manchará el metal

de tu consistente y robusta puerta.

Pero sé que el deseo saldrá indemne

a buscar otra cegadora luz

entre las oscuras anchas tinieblas.

 


 

POR ENCIMA DEL HOMBRO

Con ese mirar por encima del hombro,

con la arrogancia de saber con certeza

que tienes todo cuanto quieres de mí,

con esa huída de, me voy que ahora vuelvo,

sólo consigues que quiera amarte más

y de verdad quiera olvidarte más pronto.

 


 

CUANDO CALLAS

Cuando callas tengo miedo a tocarte

con la yema de mis dedos.

Cuando callas tan herméticamente

tu vacío me responde

y duele todo el aire que respiras.

 

Cuando callas así todo se inmuta contigo

y todo tiembla y todo cruelmente se estremece.

Cuando sellas tus labios infliges el dolor

y cercenas el deseo que flota en el aire.

Cuando callas todo muere más en la derrota.

 


 

EN EL ESPEJO

Me preguntas con el gesto altivo y contrariado

por qué me miro al espejo, por qué me detengo

cada mañana en las leves fisuras del rostro

y me recreo en mi yo como un narciso efebo.

Me censuras con tu grave lengua enajenada

de serpiente que aún conserva el más sutil veneno,

si acaso me creo guapo a mi edad todavía,

si no me doy cuenta del exceso que cometo

al contemplarme así, en adoración absoluta.

Con sobria irónica solemnidad te contesto

como quien tiene ya bien meditado el asunto:

“Qué sería de mí si abandonara a mi espejo,

qué sería de mí si pasado el tiempo fiero,

me encontrara en cualquier viejo estanque o fútil luna

y no me reconociera”.

 


 

DE QUÉ MÁRMOL SURGISTE

No sé de qué antiguo mármol surgiste

ni en qué jerarquía tus alas vuelan.

No sé qué alterados muros levantas

a mi inquietante lúcida mirada.

Ahora que quiero obsequiarte el verde

atesorado rubí de mis ojos,

rindes y matas tus álgidas ganas

y abandonas la emblemática aurora.

Concédeme pues que mi verso nazca,

que se apoye en tu duro frío rostro

y descanse en el altillo remanso

de tu glacial, gélida indiferencia.

 


 

MORTALES VICIOS

Apenas unos días y ya supe de ti,

de tu impúdico irreverente juego inhumano.

(Al cuerdo hondo conocimiento se le desprecia

cuando está en juego el beligerante propio orgullo.)

Ahora yo también quería jugar en serio,

de la misma forma que tú jugabas conmigo.

(Si supiéramos el largo alcance de los actos

no pudriríamos un destino de antemano,

pero cuesta tanto enterrar el odioso orgullo,

cuesta tanto aceptar la terrible humillación).

Y así me entregué con tus mismos mortales vicios

al juego de joder lo que ya estaba jodido.

No me importaba que al final pudiera perder,

pues quien se entrega a la lucha, se entrega a la muerte.

Y como en un salvaje ancestral antiguo rito

entré por el arco de las llamas infernales

a sabiendas de que aquella acción me abrasaría.

Ahora sé que cualquier fatuo ridículo fuego

puede devorar el alma en brevísimo tiempo.

 


 

SI PUDIERA EXPLICAR EL AMOR

Si pudiera explicar el amor en su suceso

no me detendría en el fiel placer de los labios

en donde bebíamos regurgitada vida

para luego la carencia, la sed y la muerte,

ni en el sexo dispuesto a saciar el apetito

para el descanso sagaz del olvido momentáneo.

 

Si pudiera explicar el amor en su retablo

me detendría en ese deseo ingobernable

del impulso que no sabe cómo detenerse,

en la catártica fuga arterial que se rompe

para invadir los amplios poderosos espacios,

en la fulgurante razón que le asiste al fuego

para abrasar el esplendor de auroras vencidas.

 

Si pudiera explicar el amor sobre el denso aire

narraría la codicia del vivísimo átomo,

el grave acoso destructivo de la adhesión,

la fugaz caída de la masa en el vacío.

 

Si pudiera explicar el amor no escribiría

estos versos que ignoran esta ciencia inexacta;

invertiría mi cuerpo en fácil voltereta

para pensar con mis cóncavos pies desnudados

y caminaría con los frágiles cabellos

de mi consistente errático cráneo encefálico.

 


 

OSCURA MANCHA INDELEBLE

Si el dolor era largo, grande y ancho

como mar sin orillas,

y harto profundas las huellas del hacha

como abismo sin nombre,

qué decir del triste olvido que llega.

Ah, es agria lentitud detenida,

derrota abierta en eterno sendero,

tosca mancha indeleble

preñada de melindrosa tristeza.

 

Si el dolor era alto, curvo y redondo

como holgado cometa,

y honda hendidura su estela de fuego,

qué decir del triste olvido que llega.

Ah, es lentísima y mustia expansión,

diseminado gesto

en múltiplo existente,

clónico cuerpo siempre repetido

en la inmensa atadura del placer.

 


 

ERÍGEME EN TU ALTAR

¿Qué fuerza oculta te mueve

para atravesar mis manos

y clavarlas en el palo

invisible del violento,

cruel y despiadado olvido?

Si mi sangre te salpica

el duro inflexible rostro

tú serás siempre culpable.

Si no fuera así erígeme

en tu rico altar de dioses

dignamente consagrados

o en la dulce cabecera

de tu solitaria cama,

y dame allí todo el culto

que por ley me pertenece.

 


 

SEMANA SANTA DE PASIÓN

¿Qué vil inveterada arma

elegiste aquel día de mi muerte?

¿No había otro lugar aún más sagrado

en aquella vieja villa,

ni plaza más recoleta

para asestar definitivo golpe?

¿No se enfada, ni te riñe,

ni se revuelve en tu contra

el santo Cristo de piedra

cuando pasas por su lado?

 

Dime, cruel, terrible amor,

¿cómo fue aquella ancha mirada mía

en aquel trágico instante

cuando daban justo las ocho en Poley

y aquel tambor de Pasión

se hundió en mis débiles sienes?

 

Dicen que jamás, nunca, nada muere del todo

y algo de mí sigue allí muy vivo todavía,

en la negrísima cuadrada verja de hierro,

preso entre los sombríos faroles apagados

buscando la mustia rosa que tú despreciaste.

 


 

LOSA PESADA

Alivia saber

que ya por fin te has ido para siempre.

Este corazón

no resistía losa tan pesada

bajo pies de acero.

Si cuanto antes al menos retiraras

esa pulida piedra

con que aprisionas nuestro breve sueño,

yo bien que esculpiría

en mi trágica traidora memoria

estatua triunfante

con tu inocente arcangélico nombre.

 


 

FUNDIDORA LUZ

Fundidora luz de aquel fuego fuimos,

espina trabada, ausente armonía

en oceánicas rebeldes pupilas,

noche oscura sin retorno posible.

 


 

EL DIQUE DE MI ACENTO

Si consiguiera detener el río

con el dique de mi grácil acento

y a la luz permitiera darle curso

presuroso sin la fácil huída,

un equilibrio saltaría ingente

de caudal sobre mi atávico valle.

 


 

DUERME, SUEÑA

Échate, sueña, duerme

el gran sueño, perdido,

sin cualquier leve rastro

de ninguna memoria

porque no queda nada

fuera de ti que sacie

el entregado amor

que tanto necesitas.

 


 

HE LLEGADO HASTA AQUÍ

He llegado hasta aquí,

hasta este punto de mi vida,

dibujando mariposas

y enfrentándome a las fieras

para amansarles el alma.

Y a esta altura de mi existencia

no sé qué hacer:

si seguir con esta afición

o dejarla para siempre.

 


 

HEME AQUÍ AL FIN

Heme aquí al fin despojado de todo.

No me queda nada sino el peso de la vida:

la minúscula y leve

triste experiencia de una semilla que concluye.

 

Contador de visitas

Ver contenido por hits : 151543