Domingo 19 Nov 2017
  • Increase font size
  • Default font size
  • Decrease font size
  • default style
  • blue style
  • red style
  • yellow style
Mácula Lútea Imprimir E-mail

MÁCULA LÚTEA

 

La mácula lútea o "mancha amarilla" ovalada, en el centro de la retina,

permite al ojo percibir detalles finos, es decir, nos otorga la agudeza visual.

 

NOSOTROS

( A Pilar Sanabria, grandiosa poeta )

Y dirán nuestros nombres.

Y dirán el nombre de nuestra calle.

Y yo no estaré.

Y tú no estarás.

Y el mundo seguirá.

Y olvidarán nuestros nombres.

Y cambiarán el nombre que tuvo nuestra calle.

Y vendrán otros a decir el nombre de otros nombres.

que pasaron por este lugar.

Y nombrarán con otro nombre nuestra calle

hasta que ya no haya nada, nadie,

ni nombres ni calles.

Y entonces reinará el olvido

sin saber que reinará.

 

 

1. POEMAS DEL MIEDO

La huella del más leve movimiento

permanece, visible, en silencios de seda;

se graba, indestructible, la incitación más mínima

en la cortina tensa del lejano horizonte.


Rainer María Rilke                   


DECIR NADA ES DECIRLO TODO

Decir nada es decirlo siempre todo.

Es nombrar el vacío

de las estancias rotas,

desgastadas.

 

Decir nada es flotar a la deriva

poseídos por el helio

para ganar o perder un oeste

que se aleja sin rumbo.

 

Decir nada es olvidar los instintos,

perder las brújulas,

desatender las intuiciones,

encontrarse al azar con uno mismo

sin el deseo o la búsqueda.

 

Decir nada es ver que todo se quiebra

en la parte más débil de lo fuerte,

que todo se desploma

con el peso profundo

de las viejas heridas.

 

Decir nada es quemarse bajo el astro,

arder a la medida, deshacerse,

verse en el ancestral cobarde miedo

y saber que nada y todo es idéntico.

 

 

DATE CUENTA

Aquí, contigo mismo,

date cuenta

del perfil de tus actos,

del enorme cansancio de la vida,

de la triste palabra

pronunciada a destiempo,

de la mirada que se enfrenta libre

a vivir el deseo

cuando otras miradas

resisten tras los muros

ahítas por el miedo.

 

Aquí, en el silencio,

date cuenta

de la ambición errónea

que escala enferma, herida de muerte,

del errado camino

que toma el frágil viento

por el que vuelan altas las cometas

dentro del mismo rumbo,

atadas para siempre

a manos invisibles

cuyos hilos se esconden.

 

Aquí, contigo a solas,

date cuenta

de la rabia podrida

que exige ser el centro

de todas las miradas,

del discurso que damos

ahogados en el tema,

del inútil rodeo innecesario

al decir lo que somos,

del débil manotazo

contra el molesto insecto

que tanto nos hostiga.

 

Aquí, contigo mismo,

en silencio, a solas, date cuenta

del gran potencial que tienes para conocerte.

 

DI LO QUE QUIERES DECIR

Di lo que quieres decir cuando sueñas.

Di que quieres sentir todas las brisas

golpeando febriles en tu rostro

para saberte activo de esperanza,

que quieres vivir todas las auroras

desde el collado verde de tu alma

agarrado a una mano compañera,

que amas beberte todos los inviernos

compartiendo el tálamo del deseo

con la entrega en el rito de la carne.

Confiesa tus gustos ahora. Dilos.

 

Di que quieres tragarte aquellos labios

una y otra vez hasta el desmayo,

que quieres que la luz crezca contigo

y esparcirla por toda la materia.

 

Di cuánto amas y en qué desmedida,

sin miedo a que el frágil destino tiemble.

 

Di todo lo que tengas que decir

cuando sueñas para que así se cumpla.

 

EL SILENCIO IMPUESTO

Sabemos mucho del silencio impuesto,

de la rebeldía ante la mordaza

que nos aprieta forzada por manos

temblorosas de miedo.

 

Sabemos demasiado del silencio,

de la inquietud que provoca saberse

dueño de un alto secreto enemigo

y tener que sucumbir con el sello

de nuestra amarga boca incendiada.

 

Sabemos tanto del vasto silencio

que provoca nuestra autocensura

que corremos el riesgo innecesario

de proclamarnos

defensores del mal.

 

Y entonces quién nos detendrá huidos,

liberados ya de tal condición vieja.

Quién será capaz de parar el tren

de la palabra que viene abrasando

como lengua de volcán retorcida.

 

INCAPACIDADES

Oscurecerse tras las sombras vagas

de nuestras emociones

y no saber por qué nos apagamos.

Notar cómo una liviana incidencia

volatiliza el sereno carácter

y no encontrar el arma

que dinamita el preciado sosiego.

Darse cuenta del imposible verbo

que explique las reacciones

y no ser capaces de inventárselo.

Sentir el miedo o la tonta vergüenza

que llega y atenaza

y no iniciar un pleito en toda regla

contra ese vil acoso.

 

ESPECTROS

Tras cada cristal hay ojos que miran

los espectros pasar ajenos, mudos,

repitiéndose como siempre escenas

de la vida cotidiana, monótona.

 

Tras cada cristal hay ojos, espectros

de aquellos que ya nos pasaron,

sin darse cuenta que ven los espectros

de ellos mismos: la danza siempre muerta,

el carnaval ciego de los fantasmas,

el ritual de vivir el olvido

del trance acuchillando la memoria.

 

Y nosotros, ¿Quiénes somos? Decidlo.

¿Acaso hay un trozo de vida viva

para justificar nuestra existencia?

¿O somos sombras de las sombras, lémures

avasallados en los roquedales

del terrible miedo que da el terror?

 

VOCES

A veces alguien dice nuestro nombre.

Una voz que es un grito nos requiere,

nos llama a su presencia de inmediato.

Son voces ciegas, ecos de otras voces

del pasado que llegan a destiempo.

Son igual que voces frías, cortantes

como témpanos de hielo cayendo.

 

Y cuando respondemos con el qué

repentino que se da en las respuestas

caemos en la cuenta de que nadie

nos llama, ningún cuerpo está presente.

 

Entonces un certero escalofrío

de miedo y terror nos eriza el vello

y temblamos al preguntar con duda

de qué lugar procede esa llamada,

quién, si no hay nadie en la estancia, nos llama.

 

PUERTAS

En cada casa, tras de cada puerta

habitan las historias de la vida:

Un hombre oscuro bebiéndose el vaso

forzoso del dolor y la amargura,

una mujer rota por el silencio

lacerante que cuartea sus labios,

un niño amedrentado por calumnias

insidiosas que apenas se sostienen,

una niña perseguida en secreto

por todos los rincones más oscuros.

 

En cada casa, tras de cada puerta

hay seres circunspectos, reticentes,

aquejados de afonía, enfermos

de tanto sigilo dado a los gestos.

 

Tras cada puerta hay tantas otras puertas

cerradas a la luz, a cal y canto

que duele amargo el dolor que se filtra.

 

HUIR

Huir como de la peste. Correr.

Dejar atrás esos tonos obscenos

de las palabras que vienen cargadas

de pesada volátil dinamita.

Alejarse de los infames verbos

que arrastran una bomba en su interior

o ametrallan la inocencia apacible.

Esquivar los apelativos fétidos

que intentan dejar su propia constancia

infectada de loca tiranía.

Evitar las malvadas intenciones

que arrastran consigo estrechos puñales

disfrazados de elegantes vocablos.

Ser la propia fuerza muda, invicta,

que empuja la bondad de nuestros actos.

Salvarse, quedar indemnes, librarse

del dardo instigador de los acentos.

Buscar la luz. Abandonar el riesgo

de acomodarse a los discursos ciegos

de quienes practican el soliloquio.

Retirarse al oratorio privado

de la armonía para que allí reine

el estado honesto, probo, sublime,

de la hermosa palabra solidaria.

 

CREATIVIDAD

Buscar lo que no existe todavía.

Detenerse en la idea machacona

de raptar la materia de la nada.

 

Empecinarse. Creerse obligado

a dar forma a la quimera de un sueño,

-que más que un sueño es una pesadilla,

una obsesión enfermiza en la mente-

y hundirse en el vacío de la ausencia

sabiendo que todo es inútil. Viendo

cuan difícil es plasmar la abstracción

que habita más allá de la caverna.

 

Y cuándo al fin la nada toma forma,

son como secuencias inconclusas,

voces repetidas de una cadencia,

tonalidades de colores muertos,

espigas del mismo ancestral pan viejo

con que sobrealimentamos a solas

la terrible soledad en la que estamos.

 

FRONTERAS

Vislumbrar el potencial arrebato

de la locura cuando espera quieta,

ausente, silenciosamente suya.

Presentirla ahí, inquieta, dispuesta,

atenta como un león guardián.

Percibir la divisoria frontera

que nos separa de ella, tan leve

distancia que nos gana el espacio.

Adivinar sus fauces cuando ruge

al aire. Temblar si abrimos sus jaulas.

Saber que basta sólo un simple gesto

enajenado, una mirada rúbrica

de aceptación: y se aposenta, toma

posesión de su casa, se hace dueña,

invade esta orilla, el territorio

ajeno, cómplice, tal vez idéntico.

 

Intuir la impaciente felonía

a este lado de esta otra locura

tomando partido, retorciéndose

por la venganza a que aspira.

 

Y entonces darse cuenta, descubrirse

a uno mismo entre dos fuego rivales

que avanzan sin piedad hasta quemarse.

 

PONDERACIÓN

Ser un mundo en la fértil oquedad

del silencio elegido libremente.

Alimentarse del limbo vacío

hasta que el pensamiento aflore cuerdo.

No abrir la boca hasta que no sea

justo y estrictamente necesario,

y aún así ponderar nuestros discursos

por el tamiz de la sabiduría.

 

DOS CUERPOS

¿Qué diferencia a dos cuerpos yacentes,

muertos, despojados de vestiduras,

en avanzada descomposición?

¿Sabríamos elegir, decantarnos

por alguno de ellos?

Sólo la cierta muerte nos iguala,

nos nivela, nos tasa

en el equilibrio más absoluto.

 

EN EL OLVIDO

Tanto tiempo a solas contigo, ajeno,

olvidando que existes,

derrumbado en el quehacer silencioso

del compromiso,

sin advertir que sigues aquí, vivo.

 

Tantas horas entregado al asunto

de buscar luces y sombras extintas,

abiertas en canal,

hasta la madrugada,

que siempre te sorprendes de tu voz

cuando a la postre hablas con tu gata.

 

LA MELANCOLÍA

Sobre mis brazos la melancolía

dejándose

acariciar como una gata en celo.

Duerme tan a gusto cerca del pecho

que se cree que flota en el aire muerta

si no le hago caso.

No sabe que pesa igual que su vida.

No sabe que hiere como una espina

engarzada bajo la blanca piel.

 

Alguien me susurra al oído voces

pidiendo que extienda al aire las manos

y vuele con los pájaros del frío.

Alguien me llama, pronuncia mi nombre

con ecos que provienen de la infancia,

pero yo no me inmuto.

Sólo la mirada entiende los tonos,

pero ya no resiste. Queda quieta,

perdida, como una madeja loca

abandonada sobre el triste suelo.

 

Y yo aquí, con la melancolía,

despierto,

hablándole con ternura, sin odio,

para que no me hinque demasiado

sus garras en la carne.

 

LOS MUERTOS

Crujen las paredes con un quejido

aterrador en medio de la noche.

Quién podría dormir en una estancia

ajena oyendo los lamentos ciegos

de esos seres que claman su presencia.

 

Sé que habito su casa, que me siento

a su cuadrada mesa donde como,

que soy un inquilino molesto,

un ocupa que duerme en su ancha cama.

 

Cómo decirles que están muertos, muertos,

para que no se ofendan y no chillen

desde los óseos muros de la casa.

Cómo decirles que guarden silencio

que respeten la noche con la calma.

 

Pero ellos gritan poniendo voz

de turbación a las flojas pilastras,

interpretando un discurso de miedo

en los ahuecados tabiques fríos,

contagiando el pavor a los rincones

con el eco del chasquido monótono,

desgarrándose por los altos ángulos

de las desvencijadas esquinas

recitando su plegaria maldita

pidiéndome que abandone su casa.

 

Pero entonces yo ignoro el recital

tenebroso que me acompaña. Finjo

que duermo para dormirme. Y sueño

que son ellos un gran regalo mágico

que vienen a enseñarme su misterio:

el rosario demandante y solícito

de cada madrugada.

 

IMAGINACIONES

He visto rostros vivos en las nubes

con la ira marcada en las orejas.

 

He visto infiernos de humo casi negro

y glorias con pantocrátor cercado.

 

He visto anónimos nombres escritos,

ribeteados con el sol, erguidos

sobre nimbos tristes y aborregados.

 

He visto la esperanza y el camino

flirteando conmigo en días nublados

después de una esplendorosa tormenta.

 

Siempre he visto lo que he querido ver:

la imaginación más que desbordada

naciendo de mí como una cometa.

 

INDECISIÓN

Hace frío en los llanos del Pretorio,

pero yo nunca tiemblo.

Sólo cuando pasa el último tren

siento un fuerte escalofrío de pérdida.

 

UNA ABEJA

Zumba perdida una abeja en la sala.

 

Choca contra los cristales. Y vuelve.

Remonta, gana de nuevo la altura.

Pertinaz busca la luz, la salida.

Hasta que al fin tú le abres los postigos

y una bocanada de aire le indica

expedito el camino.

 

Como tú se debatía buscando

la libertad, ese don tan preciado.

 

SIEMPRE CON LAS PREGUNTAS

Si atravieso el mundo, ¿dónde estoy?

¿En qué punto me hallo de mí mismo?

¿A qué distancia me coloco de las cosas?

¿Qué luz favorece mi perfil más distante?

Si atravieso la vida, ¿qué gano?

¿Qué ventajas me ofrece haber vivido?

Si atravieso esta calle y salgo indemne

del peligro que acechan las urgencias,

¿qué podré decir de tan escaso éxito?

 

Si vivo para contarlo es que vivo.

Y si vivo, sólo eso basta, sólo eso.

 

NIÑA SABIA DE 1913

Dicen que lloró en el vientre de su madre.

Nadie sabe por qué, pero al nacer

traía los ojos despedidos de inocencia

y una luz avisada en la mirada.

Miró a la matrona fijamente a los ojos

como reprochándole su asistencia,

(hecho insólito para aquella comadrona

acostumbrada a bebés ansiosos por la vida).

 

Apenas unos años después, todavía niña,

daba cuenta a su madre de todas las desgracias.

Madre, mañana llegará el cartero;

huele a funeral por todos los caminos.

Y una carta de luto reseñaba

la brutal tragedia de su hermano.

Madre, la abuela está cansada de tantas tardes

de galopante tristeza y de cruento vacío.

Y aquella noche la anciana durmió para siempre.

Madre, el mal acecha como una nube de humo

justo aquí, muy cerca de nuestra casa.

Y los vecinos murieron abrasados, quietos,

retorcidos, debajo de sus camas.

 

Una soleada mañana de domingo

con el vestido blanco que ella se bordara

caminó hacia el campo verde de trigo

para cumplir con su destino anunciado.

Recogió un ramo de siete amapolas

para festejar con aquel número su aniversario

y se tendió al pie de un olmo gris.

Todavía crecen allí amapolas sin trigo:

Siete, una por cada año vivido.

 

CADÁVER

Hoy no sé si soy yo quien camina

o es el fantasma que va conmigo

quien me arrastra por la ciudad

para hacerme caer en la cuenta

de que ha muerto el tiempo

en que amaba las siluetas y sus contornos.

 

Un desarraigo altera el apego

y lo coloca en la lejanía helada y distante.

 

Hoy no me sonríe nadie.

Nadie me mira ni me dice adiós.

Ninguna mirada se detiene en mis ojos

y ningunos ojos me dan aposento

en el nido de sus pupilas.

 

Hoy la tarde es fría y cortante

como una mala noticia,

y un olor a vacío me recorre el alma

y me anega.

 

Me siento cadáver en movimiento,

odisea derrotada y sin destino,

consciencia clara de saber

el terrible esfuerzo que supone

sobrevivir.

 

TENTACIÓN

Contemplábamos el precipicio

desde el Puente Nuevo de Ronda.

Ni siquiera la luz de la mañana

nos dejaba ver el inmenso fondo.

 

De repente tu voz sonó distinta

tras aquel suspiro interior y rotundo.

 

No me sueltes la mano. No te alejes.

El vacío me atrae y siento

un urgente deseo de caer,

de entregarme a la corriente del aire

para ser hondura y  precipicio.

Me asusté y te apreté con tanta fuerza

que toqué fondo en mi propio interior.

 

Desde entonces me dan miedo las alturas

y siento que soy presa del aire que las crea,

y advierto que me buscan los inmensos huecos,

y percibo que me llaman también con sus voces

y sufro al saber que no tengo a nadie

a quien pueda agarrarme.

 


 

 

2. POEMAS DE LA ADVERSIDAD

…mi alma, mejor que cuando llega el tibio revivir,

va a extender de par en par sus alas de cuervo.

Charles Baudelaire                           

 

SEPTIEMBRE

Que nadie se quede en la puerta. Que entren todos.

Que participen del gozo de la exuberante cobranza.

Agasajadlos con los abundantes frutos de mis campos.

Así gritaba aquel hombre rico a sus criados, nervioso,

temiéndose lo peor, como si una fatal intuición

fuese a cumplirse. Y así ocurrió: nadie se sentó a comer

a su mesa. Se pasó el día solo, esperando a sus amigos.

 

No importa, se dijo, invitad hoy a todos mis vecinos,

abridles mis puertas, que coman de los copiosos manjares.

Hartadlos con el vino más añejo de la inmemorial cosecha.

Ofrecedle a los postres lo mejor de mi despensa.

Pero nadie acudió. Todos, cortésmente, se disculparon.

 

Una terrible desazón se apoderó de su espíritu ante tales

circunstancias. ¿Qué haría con tanta sabrosa primicia?

Entonces llamó al mayordomo y le hizo saber sus intenciones.

 

Reúne a todos los criados y que se coman toda esta comida,

hoy yo presidiré la mesa, diles que serán mis invitados.

A la hora acordada nadie se pasó por el gran salón

y aquel poderoso hombre regentaba una suculenta mesa vacía.

Una rata comía de soslayo sobre un plato en la otra esquina.

Y emitió un breve chirrido de palabras con sorna:

se recoge lo que se siembra.

 

DULCE VENCIMIENTO

Cuando al fin el sueño llega comprendes

lo importante que es morir si es necesario.

Alivia tanto el equilibrio del dulce vencimiento

que es fácil situarse en la auténtica caída

y desear el desplome de códigos y sentidos.

 

Descansar es ausentarse de esas voces que siegan

cada palmo de nuestro cuerdo juicio

haciendo levitar al maldito dolor que muerde

la débil carne, sin piedad, sin pena.

 

Sólo cuando llega esa lenta respiración

y ese profundo ronquido primero

sabes que comienza la venerable partida

hacia el sabio desgobierno de ti mismo.

 

Cuántas veces has querido atrapar ese salto,

ese sutil súbito desmayo del apetecible temblor

que te transporta a la nada del rico bienestar.

 

Cuántas veces has querido ser consciente

de esa muerte momentánea y de tránsito

y sentir en ti el certero arrebato de la partida

 

EL DEBER

Y volver a las cosas. Retomarlas de nuevo.

Sentir cómo todo se va doblegando al pulso

de lo que es necesario,

de lo que tiene que ser y siempre debe hacerse.

 

Es el destino al fin quien se impone y se atraviesa

en el carril de la vida, como una visión,

como un vaticinio ya previsto de antemano.

Retraerse al cumplimiento del deber te duele

bastante más que hacerlo.

 

Y al final, se corrige la breve trayectoria,

el curso de los actos se centra para un lado,

se vira levemente

para acertar en la rectilínea precisión

que marca el perfecto paralelo que nos guía.

 

Y entonces un sereno bienestar nos acoge

en sus cálidos tiernos brazos para envolvernos

de un claro, enardecido, satisfecho optimismo.

 

UNA RÁFAGA DE LUZ

El tiempo es una ráfaga de luz que se dispersa

hasta perderse en el oscuro interior de uno mismo.

Esa lenta, pero certera partida hacia la nada

quema la enérgica memoria y la salva del duelo.

 

Cuando el inesperado olvido llega,

sabes de su dulce clemencia y del don de la piedad.

 

Qué requisitos de privilegio pedirás hoy para ti

a las tres de la tarde,

sino morir en activo descuido

en la apacible siesta que te oprima para siempre

dentro del minúsculo zulo de tu triste melancolía.

 

La fingida muerte es quien más nos ama

y quien mejor nos besa el alma herida y derrotada.

Llega, aproxímate, abraza, lava, exonera el peso del día,

¡Oh, leve sueño, hazme tu prisionero libre una vez más!

 

LA NOSTALGIA

La nostalgia es como una mosca ante la miel.

Se acurruca al pasado y se nutre de todos los sabores

a través de ese dulce olor de la memoria.

 

Quién no se ha entregado a la experiencia de creer

que aún existe el logro en nosotros todavía,

que aún existe la dicha que un día poseímos

para abrazarla y amarla igual que si fuera ayer.

 

Cómo explicar ese trance de revivir lo que perdimos

cuando cerrados los ojos al calor de un sofá

acariciamos todavía la realidad de un pasado que se fue.

Cómo entender que ese hecho resucite en nosotros

con toda su fuerza con la que un aciago día

extraviamos esa cosa para siempre.

 

La nostalgia es una cápsula del tiempo que nos acoge

en su azucarado tierno regazo para dormirnos de placer

embriagándonos de su íntima falsa afectiva evocación.

 

LA TRISTEZA

Hay horas, momentos en que la tristeza busca tu compañía.

Llega como una aparición invisible, como un fantasma

dispuesto a violar el mar de la cotidiana normalidad.

La sientes en ti como un peso desmedido que quisiera hundirte

asediando el apaciguado estímulo de tu centro motor.

Se diría que tú eres su alimento preferido, su sabor más ansiado,

su presa favorita, su banquete de gloria y de satisfacción.

 

Y es así como amputa tus vísceras, degüella tus deseos,

trocea tu ánimo, mutila tu alegría, cercena tu voluntad...

 

La tristeza es un revoltijo húmedo de dinamita que no estalla,

un racimo de uvas podridas sobre un frutero de cristal

para festín de las miles de moscas basureras del detritus

 

LLORAR

Hay silencios malditos que nos devoran enteros

queriendo tan sólo abrigarse en el miedo

y huyen igual que cobardes sapos hacia escondites

de gargantas sin nombre buscando perderse.

 

Hay erosiones, fracturas, grietas, cuchilladas

asestadas en la carne inocente de la ilusión

que supuran todavía retando al tiempo y al olvido.

 

Por eso llorar se hace altamente necesario,

vaciar el dolor envuelto en frágiles lágrimas de acero

y derramar con él todo el óxido que asfixia y acongoja.

 

Purifica tanto expulsar los demonios con el llanto

que se hace útil ablandarse por los ojos

para luego respirar el alivio de la liberación.

 

Y al final, qué bien sienta descargarse del hipo doloso,

del grave sollozar que consterna el alma herida,

y así encontrar, por fin, la ansiada calma de la quietud

reinando ya sobre nosotros con todo su nuevo renovado sosiego.

 

LOS MALOS RECUERDOS

A veces los malos recuerdos vuelven como espectros

dándonos un sobresalto de muerte.

Se pegan a nosotros como lapas

hincando sus garras en nuestras sienes,

que arañan y destrozan sin piedad.

 

La lucha entonces ya no es contra el malvado verdugo

que ejerció la afrenta y el vil escarnio,

ni contra el grave hecho que en sí mismo nos hirió

la dignidad, el amor propio y el orgullo.

 

La lucha ahora es contra nosotros mismos,

contra las pesadillas que se repiten idénticas

al momento exacto del daño recibido.

 

La lucha es contra la implacable furia

que mira al exterminio

queriendo erradicar al cruel enemigo

que un día llenó de odio el estanque de la rabia.

 

Qué o quién nos hará libres de la maldita evocación

cuando viene a burlarse de nuestra cobardía.

 

Qué o quién será capaz de aplacar a los rebeldes fantasmas

cuando nos exigen llevar a cabo la incumplida venganza

que un día prometimos señalando y clamando al cielo.

 

TODO CONCLUYE

Cuando la tarde empieza a tejer su clásica decadencia

y la enérgica luz se debilita ante las sombras

un rumor de ataviadas sugerencias acuden solícitas

a prestarnos su imagen de ocaso

para un aceptado hipotético final.

 

Sabemos bien que todo concluye

y que la caída es una certeza que vive inscrita

en el sabio pensamiento que nos empuja.

 

Somos conscientes de la débil fortaleza que poseemos

y del frágil delicado cuerpo que nos sostiene.

No hace falta pensar mucho para saber que la vida no es nada,

y darnos cuenta de que la muerte está ahí, como una sombra.

 

Y sin embargo, quién acepta de antemano la derrota,

quién se inclina ante la hora suprema sin antes haber porfiado,

quién, pues, se entrega a la definitiva partida así, tan fácilmente,

sin, al menos, haberse negado con la actitud del desafío.

 

 


 

3. POEMAS DE LA ALMOHADA

Soy yo, con mi monóculo, que otras luces escucho.

Vicente Aleixandre


LO QUE HAY

No hay más que lo que vemos:

La triste realidad de nuestra inocencia,

el minúsculo papel de nuestros actos,

la impotencia que fluye

como un río desbordado.

Lo que adivinamos siempre está oculto

para deleite y dolor nuestro.

 

NADA, NADIE NOS SALVA

Nada, nadie nos salva.

La congoja del vacío

vive arrinconada

como un residuo en la noche.

Es el llanto cósmico

que aterido se evapora

lentamente

en la humedad de los inviernos.

 

Nada, nadie nos salva.

Ni la luz de las estrellas

más remotas

pues ya se han extinguido.

 

Este nudo que ahoga

el punto del estómago,

ese centro como cetro detenido

es quien nos alcanza

para decirnos que hemos muerto,

que todo está perdido,

que nos queda tan sólo,

los efluvios de la razón helada

para seguir acariciando

el silencio del camino,

el ancho y vasto vacío.

 

Nada, nadie nos salva.

Si hemos nacido, hemos caído.

Y el sonido del golpe

que aún suena todavía

es para decirnos con su eco

en qué punto nos hallamos del abismo.


¿QUIÉNES SOMOS?

Nunca fuimos

quien creemos haber sido.

Nunca fuimos

quien creímos que éramos.

 

No somos quienes éramos

ni seremos quienes somos

y nunca seremos

quien creemos que seremos.

 

Obligados a la expansión

cumplimos el rito de la ley

y tras cada nueva brisa

ya no somos los mismos.

 

Ya no, ya no somos nosotros,

que ésos ya se han extinguido

en cada sudor agrio

y en cada lágrima exprimida.

 

INÚTIL AFÁN

Tanto inútil afán

engullido en la garganta

y envenenando la vida.

 

Tanto extraño deseo

grabado en los ojos

y nunca digerido

en la bolsa de los cuencos.

 

Tantos recuerdos flotando

en la casa del alma

que se ensancha

cada vez más grande y más fría.

 

Tanta palabra detenida

en el sagrado umbral

que impone la prudencia.

 

Tanto enfermizo miedo

escrito en la frente,

a cuchilladas,

como un título de terror.

 

Tanto maldito trasiego

buscando lo que no se encuentra

ni siquiera en nosotros mismos.

 

Tanta existencia derrochada

en la angustiosa opresión

del error permanente.

 

Tanta lucha para qué,

si la muerte está en la llaga

que cincela el pensamiento.

 

LA HERIDA

No duele la incipiente herida

sino la brecha expuesta

al daño de vivir,

la magia rota tras el cristal

de nuestros frágiles ojos.

 

No duele la existencia

de tanta vida,

sino el conocimiento

de saber que existimos

atrapados en el raíl

del tren que nos lleva

abocados al terrible

destino de la nada.

 

EN NOMBRE DE QUÉ

A qué extraña vigilancia

estamos sometidos

cuando la inocencia nos cubre

el halo de ternura más sublime.

Somos la atalaya

de nosotros mismos,

el pulso de nuestras emociones,

el ojo de nuestros íntimos sentimientos.

 

Quién nos espía el deseo

y a quién espiamos

para repetir tanta natural entrega.

A dónde hemos llegado

después de tanto tiempo.

Quién vela por los actos cometidos

en la oscura sombra de la noche.

Quién registra y despierta la conciencia

induciendo a la vesania de su altar sagrado.

Quién va asestando golpes de muerte

al espíritu que quiere crecer libre.

Castigamos nuestra mente

hasta sofocarla y herirla

en pos de la razón

vilmente establecida.

En nombre de qué nos dirigen

y en nombre de quién

nos siegan el alma

y custodian la mente invisible.

 

¿Hay algún parámetro perfecto

por el que debamos caminar

sin peligro,

exentos

de establecidas libertades

o todos los parámetros

están en el aire, en la cuerda floja,

pendientes de un hilo?

 

VIDA-MUERTE  MUERTE-VIDA

La muerte vivía al lado, vigorosa,

enérgica como un volcán resucitado,

mientras que la vida

estaba enfangada de muerte,

engendrada de un dolor dañino

que se arrastraba en los partos,

en las vesículas llenas de piedras

o en los traumáticos cólicos nefríticos

donde las piernas temblaban de canguelo,

donde las sienes gritaban intensamente.

 

La vida estaba llena de muerte por todas partes

mientras que la muerte volaba libre

por encima de los pueblos

contemplando el ingrávido paisaje de la luz.

 

UN  ROMANCE  DE VÉRTIGO

Sospecho que la locura vive un romance de vértigo

y quiere fornicar a toda costa con el delirio enajenado.

Quién de los dos es más sádico preguntaba un tierno niño

a una madre

rota

por los palos de la vida.

 

La furia –alguien responde alucinado-

ya no está en la fuerza del viento que se enfada,

ni en la tormenta que pierde el freno de su prisa,

ni tan siquiera en la lluvia que penetra por sorpresa.

 

La furia está concentrada en el deseo ambicioso

que los hombres ejercen embebidos de anhelo,

en las catedrales del consumo regalando caprichos

con tan sólo entregar una tarjeta de plástico.

 

Adivino que el frenético impulso busca el desvarío

para vivir acorde con los tiempos estrangulados

de pasillos y patios cibernéticos en extrema soledad.

Una niña grita: papá,

¿dónde estoy que no me encuentro?

Ven en mi busca antes de que sea demasiado tarde.

 

La vida y su riesgo corre veloz buscando adelantar

a la luz en la carrera engañosa de los hombres.

 

Aberración, aberración, cacarea un colectivo lleno de siglas:

Salvemos al planeta de tanta barbarie y cantemos

un himno para la paz y el eterno sosiego.

 

Es la radio ya la única que habla débilmente entregada

a la demencia de informar lo que nadie quiere oír

porque la voz se difumina y se pierde en las ondas del aire.

 

Alienación era una palabra favorita de aquellos

que odiaban el destino enjoyado de los hombres

y que ahora viven arrebatados de estupor,

engreídos de la gloria levantada para el progreso.

La moneda ha caído del lado de la urgencia

y ya nadie se detiene, ya nadie respira la armonía.

 

El barreno es quien suena taladrando el rubí y la esmeralda.

Todos quieren conseguir la forma de la opulencia

para hallar el paraíso de las máquinas hermanas,

luchadoras también por hacerse un hueco visible

en guerra abierta por el poder de la razón.

 

Ah, Insania crece delgada, larga, larga, sin brillo,

privando al juicio dar el veredicto más oportuno

por falta de una ancha y extensa sensatez.

 

Alguien va diciendo por ahí sin ninguna piedad

que los niños ya nacen heredando guilladuras de plata

ostentosamente grabadas a fuego en el centro de su frente.

Y un rumor espeso traba sus lenguas heridas de chifladura.

 

LOS  COLEGIALES

Ellos en su pupitre de la escuela

ignoran que llegarán a viejos.

Sus rostros irán doblando la edad

cuando el tiempo así lo determine.

 

Ahora los veo aquí salvajemente

enfrentados

a la norma que se les exige.

Y puedo verlos también allí

con los ojos cansados de experiencia

y con la esperanza derrotada.

 

NO DEJAS DE PREGUNTARTE

Cuando gritas

en la vasta soledad,

los nombres callan

rabiosamente

para responder siempre

el miedo

expresado en la reacción

del cuerpo:

El vello erizado,

la respiración detenida,

el escalofrío que avanza

como un látigo

por la espina dorsal

trucada de imperfecciones.

 

Y no dejas de preguntarte

quién responde a tus dudas

en ese recto axial

de interrogaciones.

 

UN DÍA TAN SÓLO

Basta un día tan sólo,

quizás un fin de semana

olvidados de nosotros mismos,

para saber quiénes somos,

nuestra munda procedencia.

La química que aflora a la superficie

de la blanca o negra piel

es quien nos informa

con su avasallante emanación.

 

LA VIDA

La vida es un triste final anticipado,

un tiempo de lúcida agonía

que resbala por el tobogán amarillo

de los sueños rotos,

una gozosa luz que se apaga,

un portentoso río cuyo caudal

se seca lentamente dejando como huella

la esquelética hendidura del cauce.

 

La vida es una trampa en el vacío,

una cloaca verdecina de herrumbre,

un sueño químico que reacciona

al contacto con la magia del aire,

la combustión ejercida legalmente

sobre los cuerpos que brotan solos

venidos del manantial de la muerte.

 

La vida es una ráfaga de viento aleatoria,

una hoja empujada por la brisa de la mañana

y que flota algo más de lo debido en un momento,

una excitada llama surgida para arder al instante

en la noche más negra de los deseos infieles,

el premio a la casualidad de estar dispuesto

en el lugar sublime del arrebato eterno.

 

UN POEMA ME LLAMA

Por las galerías más profundas

de este cuerpo frágil e inútil,

un poema me llama a voces.

 

Primero es la idea venida

por el germen del vocablo,

la respiración, el latido.

Y luego es el éxtasis quien me eleva

hacia la nada más honda.

 

De inmediato el verso es un peldaño invisible,

una rúbrica nacida para un sólo instante

de esplendor sobre el papel,

un sufrimiento que se agrava

en el domicilio del arte

cuando sabes que de nada sirve

la escalera interminable de la vida.

 

Por las galerías más profundas

de este cuerpo frágil e inútil,

un poema me llama a voces.

 

EL  JUICIO  DE  LA  VOZ

Arrastramos sobre nosotros el fracaso

de la humana humanidad fragmentada

en un despojo de cristales enconados.

Pesa mucho saber que el punto de mira

obedece al ojo oblicuo de estrabismo.

No hemos acertado. La vida no es esta tierra

que nos devora ni este cielo que nos huye.

Todo depende del juicio de la voz

entregada al desvarío pernicioso.

Lo que se mueve es el péndulo,

el torrente gutural del grave sonido

que camina en el juego de la inconsciencia

y se entretiene en el bar de la locura

dispuesto a beber de todos los tragos posibles.

 

POETA EN DUBLÍN

Donde laten los sueños se abrió un sendero

y caminé lentamente buscando

la clave, el misterio, la esencia,

el reducto íntimo y último del poso,

el aura, el alma, el incienso,

la sombra de la noche caída,

el ímpetu oscuro de un cuerpo erguido

que se levanta al paso majestuoso

de un poeta extranjero en Dublín.

 

¡Ay, Liffey, Liffey, qué le queda

a un poeta

cuando sabe que tiene que partir

y no se lleva el secreto profundo

del hermoso emporio que abandona!

 

A CUESTAS CON EL MISMO PENSAMIENTO

¡Cuánto sabe nuestro espíritu

de la fuerza innecesaria que nos lleva,

del empuje y del efecto dominó!

Quién puede vencer al huracán

cuando llega con toda su fuerza.

Somos presos de la corriente del río,

flotamos a la deriva derivada

del portentoso o minúsculo oleaje.

 

EL  CARACOL

El caracol aún no ha llegado

-como de costumbre-

y estamos hartos de tanto esperar.

Hay un olor intenso

derramado en cada uno de nosotros,

pero nadie sabe descifrar

qué esencia palpita

en el corazón de la esquina.

 

AQUÍ

Aquí, en el saco del yo

albergamos la dinamita,

el trueno y la mecha volátil.

Nos gusta comer con la pólvora

en los dientes

y sonreír mientras enseñamos

el corrosivo color de nuestras encías.

¿A quién queremos asustar

cuando estamos asustados?

¿A quién queremos herir

cuando estamos heridos?

 

SI SUSPIRO

Si suspiro es porque miro

el hondo precipicio

del que estoy a salvo.

Si lloro es porque me enamoro

de la flor del monstruo

que no quiere morir por mí.

Si río es porque desafío

a la corriente del río

con la barca en la que navego.

 

ENIGMA

Un vestigio de amapola me persigue

y no me muero porque no quiero.

Todo se andará antes de que el sol descanse.

Sobre la ocre ciudad mal herida

no es hora de decir todavía

quién soy ni de dónde vengo.

 

Contador de visitas

Ver contenido por hits : 155466