Sábado 23 Sep 2017
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AL PIE DE TUS RENGLONES PDF Imprimir E-mail

CUANDO  ALGUIEN  SE  CRUZA

Qué bien sentir cómo la pasión que nos gobierna
siega y decapita de repente el alma inquieta
cuando un ignoto astro de luz cruza un instante
nuestro azaroso camino de trasiego y búsqueda.
Qué dicha percibir la alteración del latido
al ver un bello cuerpo que se acerca y confluye.
Qué gran favor nos presta esa faz al permitirnos
contemplar el campo de sus preciosos ojos.
El volátil afán del deseo se aposenta
y se entrega al aura de quien miramos y vemos
con un inagotable anhelo de posesión.
Qué extraño venial dolor advertir la violencia
de ese deseo llegar al galope pidiendo
el rapto de la excelsa destellante figura
que nos deslumbra con su soberbio resplandor.
Qué dulce decepción cuando al volver la cabeza
y detenernos a observar la esfinge que pasa
verificamos lo que perdemos para siempre.
Qué mal nos deja al momento la triste desdicha,
pero qué bien descubrir que aún seguimos vivos.


QUÉ ME DICES

Qué me dices si no espero a que lleguen las heridas
y recojo tus besos en la memoria de un libro
donde siempre recuerdes el fulgor de la belleza
y la dicha que tuvieron nuestras almas gemelas.
Qué me dices si no espero a que lleguen los celos
y redacto los versos de un certero poema
donde siempre nos hable de la hermosa armonía
que reinaba en nosotros de mañana a la noche.
Qué me dices si no espero a que lleguen las quejas
y anoto tus te quieros con palabras hermosas,
y escribo mis requiebros exaltando el deseo
que creció con la fuerza de quien todo lo espera.
Qué me dices si le canto a tus tiernas caricias
antes de que llegue el taciturno desapego
y rememoro en la letra los melosos abrazos
que nos dimos henchidos en todos los encuentros.
Qué me dices si no espero a que llegue el olvido
y plasmo toda nuestra historia en una novela
donde nunca aparezca ni el dolor ni la pena
y donde siempre brille nuestro amor infinito.
Qué me dices si no espero a que lleguen las heridas
y recito las bondades de este amor que comienza.
Di, ¿Qué me dices?


EL VERBO AMAR

Herí la belleza de tu vital candidez
al querer arrancar el verbo amar de tu boca.
Buscando la sentencia para mi beneplácito
destruí la sonrisa de tus labios amantes
y se enfrió gravemente tu sereno rostro
al darte cuenta de mi caro hondo deseo.
Sé que en cualquier fallo van todas las penitencias
y aquí peno por pedir precipitadamente
lo que nunca jamás debí haberte pedido,
pues infame rajé las hermosas vestiduras
de tu siempre perceptible elegante inocencia
abriendo tus ojos al abismo que me invade.


AL PIE DE TUS RENGLONES

Vuelvo de nuevo, dócil,
al pie de tus renglones
a llorar mi trágica desventura.
Vengo otra vez herido,
entregado al dolor,
ajeno a la razón y a sus caminos.
Aquí estoy como siempre
angustiado, perdido,
derrotado bajo la misma piedra.
Mírame cómo vengo:
hecho un mugriento trapo
trayéndote la tinta de la queja.


LA LÓGICA DEL VAMPIRO

Me pregunto si yo podría amarte
bajo ese sobrio estado
de simple catatónica rutina.
No sé si podría vivir ajeno
a la fuerte pasión
que desatan los múltiples sentidos
ni sé si sería capaz de obviar
la lógica del vampiro
cuando siento tu cuello entre mis dientes.
En mí hierven los instintos del rapto
y no concibo otra forma de amor
que devorar la carne con el ansia
del animal hambriento.
O lo quiero todo o no quiero nada.
Actúo con la intuición del delirio
y me ciega la carrera difícil
de conseguir el trofeo tras la eterna lucha.


SER  DESEO PERMANENTE

Quiero ser el centro de tu atención,
la diana de tus vitales instintos,
el único alimento
que te lleves a la boca,
la fragancia indeleble
bajo tu blanca piel
y el manto de tu mar y de tus olas.
Quiero ser tu deseo permanente,
el imán que te saca de las sombras,
y el vino que se escancia
por entre tus comisuras.

Sí, quiero ser todo eso y, sin embargo,
también quiero ser el centro de otras atenciones,
la diana de otros instintos,
el alimento de otras bocas,
la fragancia indeleble de otras pieles,
el manto de otros mares y de otras olas,
el deseo permanente de otros deseos,
y el vino que se escancia por entre otras comisuras.


EXIGENCIA

Bebí una y otra vez de sus labios
para saciar mi sed hasta el desmayo.
Mordí su apretada carne de oliva
dejando entre mis dientes su cianuro.
Me entregué a su cuello como a una guía
de salvación, destino y asidero
sin saber que su morada era el viento.
Nunca herí con palabras ni desprecios
el brocal de su terrible impureza
cuando supe el origen de sus actos,
ni me até para siempre a la fe brava
del compromiso por el compromiso.
Y aún así reconozco que he pecado
de cierta exigencia poco sublime.


LO QUE QUIERO

Quiero penetrar tu aroma
y desenmascararlo,
resolver el enigma
de tu incierto vacío,
comulgar con tu ambivalencia
de cada día,
luchar contra el terrible miedo
que nos separa
y ser mermelada
en tus hermosos labios rojos.


TENDRÍA QUE SER CAPAZ

Tendría que ser capaz de abandonar el hechizo
de sentir tus infieles hermosos dulces labios
dejándose besar por mi ávido deseo
que nada posee sino la avarienta lucha
por conquistar la llave de tu alma que me niega.
Tendría que ser capaz de decir de una vez basta
antes de que este lento fuego me pulverice
y huir para siempre abrasado por el dolor,
y sin más meta que el aire fresco en mis mejillas.
Tendría que ser capaz de irme, retirarme a tiempo
para alcanzar la amarga victoria en la derrota
definitivamente.
Tendría que ser capaz.

 

VIÉNDOTE VENIR

Anticipado a tus movimientos te adivino
viniendo por viejos corredores de deseo
a cumplir tu exigencia
de ser luz que brille para mis ojos.
Intuyo el instinto que te pierde con el fuego,
el hondo suspiro que se muere en tu garganta,
el leve dolor del riesgo que corres,
la lucha que pones en la conquista.

Vienes de un yo con altas resonancias
y llega perceptible tu rumor abatido
en el último instante, justo antes
de decir que me amas sin pronunciar palabras.


LO QUE ME ENGANCHA

Te quiero más por lo que no me das,
por lo que me niegas con tu silencio,
por esas cartas de la baraja que te guardas,
por la sonrisa que depositas en los otros.
Te quiero más cuando me buscas sin yo esperarlo,
cuando besas mi boca con tu boca caliente
después de una larguísima carencia,
cuando haces que me gane el placer que recibo,
cuando conquistarte requiere de una estrategia.


HE BUSCADO

Por las tierras de Córdoba,
por el valle, por los ríos y acequias
he buscado el sol de tu rostro como quien busca
agreste fruta fresca.
Y he bebido de tu piel el salitre,
y he tomado de tu boca la menta.


EN TU REGAZO

He venido a dormir en tu regazo,
a olvidarme del mundo que me aflige
y a sentir en tu seno una esperanza.
He venido a descansar de mí mismo,
de esta exigencia tonta que me impongo
del triste y duro ardor de la palabra.

 

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