Domingo 19 Nov 2017
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Tácticas Interiores PDF

Fernando Sánchez Mayo

 

 

 

TÁCTICAS INTERIORES

 

Portada Interna



 

La amistad es
un     estado   de
gracia  que  nos  llena
de   satisfacciones.   Por
eso    desde    aquí   quiero
expresar mi agradecimiento a:

José   Cañuelo,    Fernando    Muñoz,
Enrique Pleguezuelo, Joaquim Oliveira,
Manuel  Pozo,  José Domínguez,  Carmen
Laín,  Ángela  Gutiérrez  Dorado,   Virginia
Palacios,   Manuel   Cubero,   José   Manuel
Arribas, José  Montenegro,   Pilar  Sanabria,
Andrea   Luque,   Magdalena   Eslava,  Juan
Bautista  Onetti,  Miguel  Ángel  Matamala,
Rafaela   Sánchez   Cano,   Emilia  Adámez,
Alessandro Perri,  Miguel  Yuste,  Francisco
Avilés Martínez, etc.

A toda mi familia, pero especialmente
a   mi   sobrina     Isabel   Sánchez
Lorenzo   que  se  preocupa   por
por  mi  obra  poética  y por
mi camino  de poeta.





EDITA: Excmo. Ayuntamiento de Priego, Área de Cultura.
ILUSTRACIÓN PORTADA: Manuel Jiménez Pedrajas
ILUSTRACÓN PORTADA INTERIOR: Mari Cruz Garrido
D.L.: CO-104-2011
ISBN: 978-84-606-5261-8
IMPRIME: Imprenta Rojas- Mesones,9 y 11- Tfn.: 957 540 444 Priego de Córdoba
Impreso en España. Printed in Spain








                      TÁCTICAS  INTERIORES



1

Quiero la humildad total, la actitud
de no creerme superior a nadie.
Cincelar sobre mí a cada paso del día
la absurda tarea de henchir mi pecho.
   
Quiero sentir el peso de la nada,
flotar a la deriva con mi barco,
ser el sencillo velero que muestra
la insignificante bandera blanca
cuya inscripción revela el secreto de la vida.
   
Quiero el lugar de las sombras y brillar allí,
en el hueco interior de mis sentidos.

Alcánzame virtud, pues quiero estar doblegado
al principio ético de tu altura.




2

Ven diligencia con la prontitud
de la estrella que recorre los cielos.
Haz de mí un hombre en acción permanente,
un hombre sin descanso en busca de la meta.
Dame tu agilidad y tu eficacia
y ábreme el hueco de la luz por donde yo pueda
recorrer el camino que conduce   
al bienestar de todo bien supremo.
Y allí, báñame con los poderosos ungüentos
entre otras olorosas briznas de tu cosecha.





3

Arduo es el camino que ha de llevarme
a la grata conquista de mis aspiraciones.
Mas cuento con la furia del deseo
y con la fuerza de la fe en mí mismo.
Nada ha de distraerme en el vasto sendero
pues mis ojos miran erguidos el horizonte
buscando a esa estela que me guía.
Y sé que estaré allí porque me veo.
Me veo. Sí, puedo verme atravesando
las oscuras tinieblas, las lluvias torrenciales,
los terribles vientos huracanados
que me empujan hacia otros lugares.
Por eso lucharé contra corriente
en contra de mi férrea voluntad caprichosa.
Y estaré allí, sé que estaré allí.
Y entonces al mirar atrás sabré lo mucho que hice
y lo mucho que me queda aún por hacer.




4

Labraré en mí la paciencia infinita de Job,
ejerceré el correcto cincelado
contra el acto incipiente
que me acerca a la ira  terrible que desgasta
y me asoma al alto precipicio de la muerte
donde el espíritu, mi yo, se ahoga
como un pez fuera del agua.

Labraré los ángulos imperfectos
hasta hacer de ellos un decorado relieve
donde mirar y ver sea lo mismo
para que todo aboque
al descanso de mi preciada mente
y al fin yo vuele en la paz y en la sabia espera.





5

Mi gratitud a la yerba, al aire
que respiro cada mañana de fría escarcha,
al viento que viene en mi busca para ayudarme
a ser hostil contra quienes matan los sueños,
a la luz que muestra las fallas de mi interior
y los recovecos que desconozco.

Mi gratitud a la sonrisa ajena,
a la solidaria mirada cómplice
que busca el bien y la plena justicia,
a la poderosa tierna mano que me salva
del peligro inminente que me acecha.

Mi gratitud a la lluvia que moja mis sueños
y los hace crecer por entre los matorrales
sin miedo a tan extraña convivencia.

Mi gratitud al fuego que devora
el incipiente mal que de mí nace,
a la tierra que sostiene mis pasos
en el frágil equilibrio de todos los caminos.




6

Seré fuerte cuando tu luz no me haga brillar,
cuando el frío me cale hasta los huesos y tiemble
por el miedo que viene de los páramos.

Seré fuerte cuando tú ya no estés conmigo
y el vacío sea mi único compañero
en las noches incendiadas de truenos.

Seré fuerte cuando la lluvia anegue
el suelo de mi alma dolorida,
cuando pese más el calvario que la alegría,
cuando el malestar incomode al beso del gozo.

Seré fuerte cuando el mal aceche mis costumbres,
cuando el tormento venga disfrazado
de quejas antiguas clamando duelo
por los altos despechos de la aurora.

 

 

7

Estaré contigo cuando me llames,
cuando grites mi nombre por las altas
alamedas de las viejas ciudades,
cuando en tu dolor se muestre el dolor
y resuene en tus eternas heridas
el eco de una llaga inoportuna.

Estaré contigo cuando me llames,   
cuando la duda te asalte por la maleza,
o la tristeza te arrincone sin permiso
en ese cuarto oscuro de tu casa.

Estaré contigo siempre dispuesto.
Basta con que me llames,   
con que digas mi nombre a tu manera.
Y estaré allí clavado, como siempre,
propicio a escuchar el son de tu queja.





8

Que mi prudencia se arrodille ante los deseos
de explotar las pompas donde habitan las palabras
contaminadas y envenenadas de sospecha.

Que mi prudencia se incline en la boca cerrada
antes de alzarse en contra de un rumor gratuito
en la corriente imparable de los fuertes vientos.

Que mi prudencia baje la cabeza
cuando la rabia quiera denigrar a los otros,
cuando la luz de aquellos que más brillan
me provoque un juicio prematuro.





9

Sentado aquí junto al largo río de la vida
contemplo el paso del tiempo con la clara luz
de la aceptación que nace de ti,
oh, conocimiento, que derramas tu noble gracia
sobre el vaivén de mi débil memoria.

Aquí, justo al borde del río me siento río,
y navego por los cauces internos
de mi paciente objetivo inconcluso
de llegar al mar de la abundante quietud
donde sea al fin yo como el aire detenido
que alimenta con su oxígeno las altas ramas.

Aquí en comunión con el árbol y su libélula,
distraído, embelesado de calma,
hecho respiración,
solo respiración,
jaculatoria y mantra del sosiego,
aquí, para siempre con la nada y conmigo
contemplando el transcurrir del tiempo y su paisaje.




10

Llévame a la compasión de mí mismo
cuando note que todo a mi alrededor se crece
y sienta yo el deseo de que nadie
sobresalga por encima de mi pobre altura,
cuando me corroa el daño al saber
que otros son mucho mejores que yo.
   
Llévame a la compasión de mí mismo
cuando no sea capaz de admitir
la levedad de mis ínfimos logros
y el ego que me acompaña quiera devorarme
para ser él sobre todas las cosas. 





    


LA PULSIÓN DEL TIEMPO





LUNES

Todo primer comienzo
se crece por la propia fuerza que en sí contiene.
Arrebato es el empuje en sí mismo. La lucha,
el hálito del primitivo instante genera
a la propia inercia dotándola del poder
que capacita.

Qué hermosa es la posesión del arriesgado arrojo.
Qué sublime la dicha de propagar el débil
inicio de la nada
para convertirlo en materia de pensamiento.

Posarse en el lomo de las ideas implica
agarrar unas bridas
y escrutar un desconocido largo camino.

Pon en marcha el motor que te arrastre al viento.






MARTES

Después de ese primer impulso aún es necesario
seguir creyendo en el despegue, tener fe ciega
en la propulsión firme,
acomodarse a la creencia de un albo sendero
de luz dosificada,
atrapar la invisible hoja de ruta y sellarla
de un caro compromiso.

Un camino es siempre la distancia que los ojos
alcanzan por sí mismos,
sin más dirección que el salvaje instinto primero,
ni más meta que el constante avance progresivo.

La fuerza ha de venir de las precipitaciones,
de las lluvias moderadas que riegan tu interior,
aquellas que llenan los ríos y los embalses
de tu magnánimo estanque de clara hermosura
para convertirlo en fuente de eólica energía
que te lleve a ser aire por el inmenso aire.

 

 

 

 

MIÉRCOLES

Acompáñate del sosegado canto interior.
La música que nace de ti es más música.
Tararea el estribillo para ver que existes,
para ver que es verdad que caminas, que tus pasos
llevan el compás acompasado que tú quieres,
y que tus pies remontan un vuelo imaginario
de sereno equilibrio.

Todo sonido alerta de la vida al contarnos
la cercanía de las cosas que apenas vemos.

Deja que el viento vibre contigo y se estremezca
y tiemble.
Admite al ritmo que te acompaña y acaricia
sus cadencias,
¿no ves cuánta luz se deshace en elogios cuando
emites tiernamente esa tuya melodía?







JUEVES

Habrá algún tópico jueves que todo te falle
cuando la magia huya de ti y la densa niebla
rete tus dominios.
Puede que pierdas la amada luna y el camino
se haga oscuro
de trágica negrura y selvático vacío.
No te ensañes en la arriada escena fieramente
contra el mal que te aflige,
ni apuñales a los falsos fantasmas
que se muevan en las sombras.
Acepta la hendidura que venga de la tierra.
Cada falla arrastra un dolor interminable
de extrema geología.
Ya conoces el ambicioso origen
de los terremotos.
Así que sólo queda esperar el ansiado encaje
de las tectónicas placas.
Su acomodo traerá de nuevo ante ti
la deseada luz y el calmado sosiego.








VIERNES

Manipula los resortes de ti mismo.
El entusiasmo está en la acción decidida,
en la mirada que mira el esplendor
de las mañanas,
en el sueño que sueña el ocaso de los sueños.
Sigue el paso a los días de auroras boreales.
Persigue el encuentro de la flor que duerme
sobre la escarcha para ofrecerle la brisa.
Inmerso en la inmensa multitud continúa
haciendo camino donde nadie te acompaña.
Persevera. Tu fuerza es tu poder
y no tiene límites.
Aprende también que el vacío será un fiel compañero
que puede visitarte cada vez que quiera.
Háblale sin miedo por si acaso le aburres.
Quizá quiera huir si sospecha de tu fuerza.
Pero tú sigue. Así es la vida. Y así debes enfrentarla.





SÁBADO

También los sábados podrían destronarte
y sumarse al triste vacío de los jueves
si esperas mucho de ellos.
Si, además, te abandonan también los amigos
y ya no eres el que eras,
y te sientes despojo y te sientes basura.

Si ya nadie te invita a su maldita fiesta
y el júbilo y la alegría
adquieren el pálido color de la tristeza.
Si el dolor o la pena te han doblado para siempre,
puede que estés muerto.
Resucita. Bebe el agua de la vida,
levántate como Lázaro y camina
hacia los claros espacios de los espejos
que multipliquen tu debilitada figura.

Y ahí, lima los vértices y los ángulos,
endereza los hombros descolgados
y arroja el agrietado pensamiento que te come.
Elabora una nueva sonrisa que achique el miedo.
Adelanta los ojos con expectativas de vencer a la derrota
y, profundamente, respira, respira,
hasta que todo el oxígeno se cuele por tus venas.






DOMINGO

Busca el remanso de tu propia soledad
a cubierto de guerras y francotiradores.
La paz es la única armadura vulnerable
que siempre acribillan sin culpa y sin piedad
los hombres degradados a sí mismos.
Cualquier enemigo es una descompensación
dañada en la oxidada corroída virtud
que no se ha cultivado.

Por eso te pido que busques tu cueva.
Hazte troglodita un día a la semana
y prueba a oír el silencio.
Tal vez descubras el escandaloso ruido
que provoca la nada y el estertor del vacío
decadente que agoniza.

Si la muerte llega en forma de lágrima nueva
y la congoja rompe en clamoroso llanto,
entonces puede que crezca en ti la espiga
que renueve tu alimento.




ENERO

Enero llega con el regusto de la dicha frustrada,
con la ilusión repetitiva del nuevo año que comienza,
y con la pueril creencia de que algo bueno
cambiará para siempre al final del estío.

Mas eres tú quien te empeñas en mirar al frente
como queriendo abarcar el futuro
que sólo a los dioses pertenece. Y te engañas
a ti mismo, y acaricias los fríos atardeceres
pensados con la magia de tu impronta bondad.
Eres tú quien sueñas a sabiendas el falso sueño
para concederte un paraíso de helada esperanza.

Se ve que te gusta darle al tiempo una tregua
de clásica hermosura inacabada
y regodearte en las vagas tinieblas de la noche
sobre las copas de los más altos árboles
oteando en el horizonte no se sabe qué ni para qué.


 

FEBRERO

Este mes trae un boquete abierto de pérdida,
el lema de febrerillo el loco en la solapa,
un desgaste temerario al pie de los días,
el desamor vencido sobre livianas tardes
y la monótona decadencia en la heredad.
Así y con todo el hálito se activa en sí mismo
cuando la luz se abre al último decanato.

Cuántas veces has querido precipitarte
por la tórrida escalera de los días
para alcanzar un nuevo catártico ciclo.
Cuántas veces has tachado uno a uno
todos los días del calendario sin saber
por qué extraña razón quieres el avance.

Tal vez esa pulsión del tiempo es sólo una señal
de que estás aún tan vivo,
que la muerte te rodea por todas partes. 





MARZO

Marzo embala el indulto del invierno en albricias.
El perdón corre por los arroyos
como una suave brisa que anunciara vida.
La amnistía se eleva por los troncos
y atraviesa las duras paredes expresando el verdor
de las hojas que crecen iracundas por la luz.
Latentes seres eximen su letargo
para dar rienda suelta a la conmutación.
Perdonarse a sí mismo mueve y conmueve
a la severa savia de la intransigencia que fluye,
se ablanda y se enternece.
La gracia de la indulgencia –entonces- se hace imperiosa
cuando el curso del río nos arrastra
con el férreo poder de su propia corriente.




ABRIL

Abril hierve en la humedad de los deseos
y arrastra consigo un olor a tierra fundida.
Un vigoroso intercambio de fluidos confluye
en los orificios del placer
sobre tálamos de fuego urgenciados.

Son las mismas pasiones de siempre
buscando ejercer el exacto rol del movimiento,
la misma ritual lucha de la posesión,
el igual consabido anhelo de saciar
la extrema exigencia de la carne.

No sabría distinguir si es el cuerpo o la mente
quien busca la celebración de los días inagotables,
la vislumbre expectante que aboga para sí
la salvación en la entrega desmedida,
el éxtasis doblegado al suicidio de la seducción
que siempre llega como arrebatado vendaval
o como lentísimo veneno despiadado.





MAYO

Al fin los días se entregan a la luz como un delta  
se entregara a la llana desembocadura de las palabras.
Y es mayo quien tiende puentes sobre las dársenas
del ancho río que nos separa de la otra orilla, tan necesaria.
Es momento de establecer lazos, fornidos vínculos
que nos envuelvan con el paisaje de las otras flores.

El diálogo es un acueducto transparente de cristal,
una cita desnuda con la idea abierta que se expande
y se asienta sobre exedra de mármol en el límpido aire,
es verbo para el acuerdo que verifique la solución del conflicto,
el sí rotundo que se estrecha en las manos como ósculo.

Divino es quien acude al encuentro con su mente dilatada,
libre en la atadura de la idea preconcebida,
expedito para estampar el sello de la absolutoria salvación.





JUNIO

En todas las fronteras proclama junio su odisea 
desplegando un olor a plegaria y a obsequio.
Lo lejano es siempre una invitación bohemia,
una alternativa de lo viejo que espera como el crisol.
Ante esa lejanía la escondida inquietud brota rebelde
y salta sobre el vacío más distante.
Ir allí es la única decisión posible ante tanta carencia.

Quien más sabe de la sed ya no quiere dormir
en los desiertos ni llorar en las madrugadas
ni sudar en el tormento de los peligros.
Quien más sabe de la sed no quiere ahogarse
en el diminuto estanque de su saliva
ni quiere días como noches que se lo traguen.
Quien más sabe de la sed no se detiene ante nada
porque todo le aprisiona y le acorrala y le detiene.





JULIO

Siempre hay un miedo arrinconado, una vergüenza
impenitente que no aminora su rubor ni en verano
cuando los cuerpos exhiben todo su esplendor.
Las pequeñas tragedias no se imponen nunca fieramente
ni se enfrentan a la verdad de su mínima existencia
y se abandonan a su suerte como hijas huérfanas.
A veces esperamos que el tiempo les gane la batalla
sin estrategias, sin esfuerzo, sin lucha.

Pero un día llega julio y te das cuenta del desastre,
te das cuenta de que el peso es mayor del que pensabas
y la nimiedad ya no es tal nimiedad sino una carga
que crece con los años. Y te dices a ti mismo que ya es hora
de acabar con el pequeño problema, aunque cueste su reparación
el sufrimiento de una magnánima tragedia.





AGOSTO

No es el descanso de las vacaciones de agosto
lo que más necesitas, sino esa dulce serenidad
que te encumbre sobre ti mismo, sobre tus actos.

Ese estado de equilibrio, de ser inalterable, elevaría
la noción que te define, te daría ese porte emblemático
de quien afronta la vida con la calma del sabio,
de quien imperturbable da la réplica sin alterarse
y es capaz de despejar las dudas impávido,
con la firme beligerancia de un santo lleno de dulzura.

Pero, ¿serías tú esa persona, entonces? ¿Cuánto tiempo
serías capaz de mantener la susodicha compostura?

Tendrías que nacer de nuevo, algo improbable, por cierto,
para tal cambio. Mejor es que aceptes tus posiciones.
La tolerancia siempre empieza ejerciéndose consigo mismo.





SEPTIEMBRE

Que nadie se quede en la puerta. Que entren todos.
Que participen del gozo de la exuberante cobranza.
Agasajadlos con los abundantes frutos de mis campos.
Así gritaba aquel hombre rico a sus criados, nervioso,
temiéndose lo peor, como si una fatal intuición
fuese a cumplirse. Y así ocurrió: nadie se sentó a comer
a su mesa. Se pasó el día solo, esperando a sus amigos.

No importa, se dijo, invitad hoy a todos mis vecinos,
abridles mis puertas, que coman de los copiosos manjares.
Hartadlos con el vino más añejo de la inmemorial cosecha.
Ofrecedle a los postres lo mejor de mi despensa.
Pero nadie acudió. Todos, cortésmente, se disculparon.
Una terrible desazón se apoderó de su espíritu ante tales
circunstancias. ¿Qué haría con tanta sabrosa primicia? 

Entonces llamó al mayordomo y le hizo saber sus intenciones. 
Reúne a todos los criados y que se coman toda esta comida,
hoy yo presidiré la mesa, diles que serán mis invitados.
A la hora acordada nadie se pasó por el gran salón
y aquel poderoso hombre regentaba una suculenta mesa vacía. 
Una rata comía de soslayo sobre un plato en la otra esquina.
Y emitió un breve chirrido de palabras con sorna:
se recoge lo que se siembra.


 

OCTUBRE

A veces vivimos aherrojados a los salvajes pies
de extraños caballos fingiendo el miedo real,
comulgando con la herradura que amenaza,
estancados en la propia débil vulneración,
viviendo una dependencia incómoda.
Una especie de esclavitud nos arrastra cobardemente
por los caminos del acatamiento dócil,
confundidos entre el respeto y la admiración,
pues no queremos morir en la contienda.

Pero cuando la sumisión embarga al dolor,
y humillan la frágil palabra que quiere crecer,
cuando el desprecio te deja a ras del suelo,
una corriente rebelde de cordura se impone,
y se pierde el miedo y la vergüenza y el estilo.
Y ya no te conocen, y ya no saben quién eres,
y se extrañan y se asombran y se espantan
de tus actos y de tus graves sorpresivas declaraciones. 

Pero tú ya has dado el paso dispuesto a ser tú mismo
y ya no dejas que pase octubre,
y ya no hay quien te pare ni quien te haga desistir
porque nadie merece ninguna descompensación,
y la vida es para todos y todos debemos vivirla
en la espuma del equilibrio.


 

NOVIEMBRE

Hay males que aquejan al cuerpo y lo degradan
mientras se van llevando el alma lentamente.
Esa aflicción contagia a los que rodea y los impregna
de un llanto sin lágrimas, de una congoja oculta
en el centro del pecho, como firme espada atravesada.

Nadie habla del dolor ni del miedo que reina a sus anchas,
pues un tabú se impone al borde de los labios y transforma
en sonrisa la pena y en falsa alegría el silencio. 

Hay noviembres que deciden acabar con todo el sufrimiento
y se atribuyen el deber de dar fin a tanta incertidumbre.
Cuando este hecho llega sabes que fue lo mejor
pues la pobre víctima no merecía tanto escarnio.

Sin embargo, uno se pregunta: dónde está el alma de los otros,
de los que no murieron y se quedan aquí con el recuerdo vivo,
presente, doblegado a su memoria como una pesadilla.


 

DICIEMBRE
   
Hagamos balance. Veamos cuánto nos queda
de la ilusión que pusimos en aquel objetivo,
comprobemos si dimos salida al orgullo,
si conseguimos deshacernos del dolor y del miedo.
Es tiempo de revisar las tareas, tocarlas con las manos,
moldearlas de nuevo, sopesarlas en la conciencia,
examinarlas en la pauta de la verdad fehaciente.
Repasemos uno a uno todos los actos que hicieron
temblar a los cimientos de las recónditas entrañas.
Busquemos los restos de las vísceras dispersas
por aquella bomba que cayó a nuestros pies
el día del arrebato suicida de nuestros enemigos.
Ordenemos la esperanza con la fe puesta en la cima.
Diciembre nos trae el cartel que anuncia semana
para el arqueo contable del periodo.
Hagamos el parón. Es hora de confrontar el bien y el mal,
la verdad y la mentira, el sí y el no de nuestros actos.






PRIMAVERA

La potestad de los días aquí,
discurriendo en la vertiente ruinosa
del esplendor de las flores,
abrasando el tiempo en la mirada,
aprendiendo de la exultación, del júbilo
y de su caduca breve existencia.
No hay otra cosa que hacer sino mirar la luz
de los pétalos derramándose en el vacío
y entregando al aire el caudal de su belleza.
Todo es propicio para el encantamiento
al son de los arroyos y de las fuentes
mientras que un quieto dolor vive recostado
en no se sabe dónde ni por qué.
Si fuésemos libélulas sabríamos más
de la grave tragedia de la hermosura
y de la inquietud que provoca el perfume
en esta estación de viejas melancolías.
Nada reconforta más que vivir exhaustos
contemplando el vuelo de seres imaginarios
libando el néctar de nuestros deseos.
Es la ciudad quien siempre nos remite
al mismo destino de generosos balcones 
brindando a los ojos un breve paisaje
de imperial ascensión  y proclamada caída.
Pero, entre tanto, henos aquí, entregados
a los perfiles de las campanas tocando
el himno constante que anuncia la triste
enseñanza de siempre, la misma angustia;
el recordatorio credo de saber con certitud
de la cíclica melodía del tiempo
y de la decadencia que siempre acompaña
a quienes viven y vivimos bajo su exterminante yugo.

 

 

 

VERANO

Los interminables calurosos días
como una laxitud detenida
escoltan al seco paisaje derrotado
por el ávido lentísimo fuego.
Nadie diría que los pastos fueron
luminosa verde hierba erguida que soñara
de la mañana a la tarde con tocar el cielo.
La destrucción llega en calma abrasiva,
despacio, lentamente,
inundando a los cuerpos
de su trágico color para la muerte.
O sería mejor decir: inundando a los cuerpos
de su mágico color para el olvido.
El olvido de existir. Eso sería más acertado.
Vivir para vivir el olvido de la existencia,
la existencia anodina, insípida,
de tantas tardes siendo devorados
por la leve llama que ejerce
la trágica misión del estallido.
La vida es una pira oculta
que aniquila en la sombra,
entregada, activa, dispuesta a cumplir
el deber que le otorga el destino.
El mismo destino de siempre.
El destino de la aniquilación.
Y aquí estamos y aquí seguimos
dando cumplimiento
a las horas veraniegas,
aprendiendo del resquemor ancestral
que nos guía en la sapiencia de saber
que todo concluye. 

 

 

OTOÑO

Los fugitivos días se entregan de lleno
a las oscuras sombras de la noche
y arrastran consigo la extraña evocación
del misterio final que se aproxima a sobresaltos
igual que el vaivén de una llama.
Todo otoño induce al sueño interior que guía
los actos del destino
para aprender del poder de la penumbra,
de la dañina soledad que se ahoga en sí misma
acurrucada bajo la doble manta,
buscando y nombrando a la cálida palabra
como falaz salvación
que nunca nos evita de un destino anunciado.
Desde aquí vemos caer una a una las hojas
del orgullo, la arrogancia y la inconsciencia
de creer que ninguna brisa puede derribar
el débil péndulo que nos une a la vida.
Pero cuando te das cuenta del frágil sostén que nos ata,
cuando comprendes lo fácil que es caer
al hondo precipicio del vacío y de la nada,
ves con claridad de qué tierno material estamos hechos.
Y entonces una terrible desazón marca tus pasos.
Y donde antes había existencia y descuido,
ahora hay sospecha, precaución y miedo.
Y el beligerante desafío tonto, maquinal
contra todo aquello que se cruzaba en el camino,
ahora se convierte en tristeza apocalíptica
al advertir la breve fugacidad del tiempo. 





INVIERNO

Oh, tenues fríos días del invierno
que acogéis al abrigo de las noches
la creación de la breve existencia
en el regazo calentito de la tierra,
ahí donde el germen empieza fértil
un sendero caduco y de abolengo.
Conocéis bien el trágico destino
de todo lo que aquí vibra y se mueve
y seguís dando la impronta al letargo
igual que si en ello os fuera la vida.
Es triste saber que todo al fin muere
igual que vosotros generosos días
moriréis sin salvación posible
cuando llegue la aciaga aflicta hora.
Pero mientras tanto, oh amados días,
repartid al son de las gratas lluvias
biografías nuevas para el vergel
y la creencia de que viviremos
aquí siempre, por siempre y para siempre.

            Fernando Sánchez Mayo

 

       

 

 

          TÁCTICAS  INTERIORES

 

 

 

 

 

 

 

     

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La amistad es

un    estado    de

 gracia  que  nos  llena

de   satisfacciones.   Por

eso    desde     aquí    quiero

expresar  mi  agradecimiento  a:

 

José   Cañuelo,     Fernando  Muñoz,

Enrique  Pleguezuelo, Joaquim Oliveira,

Manuel  Pozo, José   Domínguez, Carmen

Laín, Ángela   Gutiérrez  Dorado, Virginia

Palacios,   Manuel    Cubero,    José Manuel

Arribas,   José  Montenegro,   Pilar Sanabria,

Andrea   Luque,   Magdalena    Eslava,  Juan

Bautista  Onetti,   Miguel   Ángel  Matamala,

Rafaela   Sánchez   Cano,   Emilia   Adámez,

Alessandro Perri, Miguel Yuste, Francisco

                                      Avilés Martínez, etc.

 

A     toda     mi     familia,     pero

Especialmente   a   mi   sobrina 

Isabel   Sánchez    Lorenzo

que   se   preocupa   por

mi  obra  poética y

 por mi camino

 de poeta.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

                                            

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

EDITA: Excmo. Ayuntamiento de Priego, Área de Cultura.

ILUSTRACIÓN PORTADA: Manuel Jiménez Pedrajas

ILUSTRACÓN PORTADA INTERIOR: Mari Cruz Garrido

D.L.: CO-104-2011

ISBN: 978-84-606-5261-8

IMPRIME: Imprenta Rojas- Mesones,9 y 11- Tfn.: 957 540 444 Priego de Córdoba

Impreso en España. Printed in Spain

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

                      TÁCTICAS  INTERIORES

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

1

 

Quiero la humildad total, la actitud

de no creerme superior a nadie.

Cincelar sobre mí a cada paso del día

la absurda tarea de henchir mi pecho.

                                           

Quiero sentir el peso de la nada,

flotar a la deriva con mi barco,

ser el sencillo velero que muestra

la insignificante bandera blanca

cuya inscripción revela el secreto de la vida.

                                          

Quiero el lugar de las sombras y brillar allí,

en el hueco interior de mis sentidos.

 

Alcánzame virtud, pues quiero estar doblegado

al principio ético de tu altura.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

2

 

Ven diligencia con la prontitud

de la estrella que recorre los cielos.

Haz de mí un hombre en acción permanente,

un hombre sin descanso en busca de la meta.

Dame tu agilidad y tu eficacia

y ábreme el hueco de la luz por donde yo pueda

recorrer el camino que conduce

al bienestar de todo bien supremo.

Y allí, báñame con los poderosos ungüentos

entre otras olorosas briznas de tu cosecha.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

3

 

Arduo es el camino que ha de llevarme

a la grata conquista de mis aspiraciones.

Mas cuento con la furia del deseo

y con la fuerza de la fe en mí mismo.

Nada ha de distraerme en el vasto sendero

pues mis ojos miran erguidos el horizonte

buscando a esa estela que me guía.

Y sé que estaré allí porque me veo.

Me veo. Sí, puedo verme atravesando

las oscuras tinieblas, las lluvias torrenciales,

los terribles vientos huracanados

que me empujan hacia otros lugares.

Por eso lucharé contra corriente

en contra de mi férrea voluntad caprichosa.

Y estaré allí, sé que estaré allí.

Y entonces al mirar atrás sabré lo mucho que hice

y lo mucho que me queda aún por hacer.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

4

 

Labraré en mí la paciencia infinita de Job,

ejerceré el correcto cincelado

contra el acto incipiente

que me acerca a la ira  terrible que desgasta

y me asoma al alto precipicio de la muerte

donde el espíritu, mi yo, se ahoga

como un pez fuera del agua.

 

Labraré los ángulos imperfectos

hasta hacer de ellos un decorado relieve

donde mirar y ver sea lo mismo

para que todo aboque

al descanso de mi preciada mente

y al fin yo vuele en la paz y en la sabia espera.

 

 

 

 

 

5

 

Mi gratitud a la yerba, al aire

que respiro cada mañana de fría escarcha,

al viento que viene en mi busca para ayudarme

a ser hostil contra quienes matan los sueños,

a la luz que muestra las fallas de mi interior

y los recovecos que desconozco.

 

Mi gratitud a la sonrisa ajena,

a la solidaria mirada cómplice

que busca el bien y la plena justicia,

a la poderosa tierna mano que me salva

del peligro inminente que me acecha.

 

Mi gratitud a la lluvia que moja mis sueños

y los hace crecer por entre los matorrales

sin miedo a tan extraña convivencia.

 

Mi gratitud al fuego que devora

el incipiente mal que de mí nace,

a la tierra que sostiene mis pasos

en el frágil equilibrio de todos los caminos.

 

 

 

 

 

 

 

 

6

 

Seré fuerte cuando tu luz no me haga brillar,

cuando el frío me cale hasta los huesos y tiemble

por el miedo que viene de los páramos.

 

Seré fuerte cuando tú ya no estés conmigo

y el vacío sea mi único compañero

en las noches incendiadas de truenos.

 

Seré fuerte cuando la lluvia anegue

el suelo de mi alma dolorida,

cuando pese más el calvario que la alegría,

cuando el malestar incomode al beso del gozo.

 

Seré fuerte cuando el mal aceche mis costumbres,

cuando el tormento venga disfrazado

de quejas antiguas clamando duelo

por los altos despechos de la aurora.

7

 

Estaré contigo cuando me llames,

cuando grites mi nombre por las altas

alamedas de las viejas ciudades,

cuando en tu dolor se muestre el dolor

y resuene en tus eternas heridas

el eco de una llaga inoportuna.

 

Estaré contigo cuando me llames,          

cuando la duda te asalte por la maleza,

o la tristeza te arrincone sin permiso

en ese cuarto oscuro de tu casa.

 

Estaré contigo siempre dispuesto.

Basta con que me llames,  

con que digas mi nombre a tu manera.

Y estaré allí clavado, como siempre,

propicio a escuchar el son de tu queja.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

8

 

Que mi prudencia se arrodille ante los deseos

de explotar las pompas donde habitan las palabras

contaminadas y envenenadas de sospecha.

 

Que mi prudencia se incline en la boca cerrada

antes de alzarse en contra de un rumor gratuito

en la corriente imparable de los fuertes vientos.

 

Que mi prudencia baje la cabeza

cuando la rabia quiera denigrar a los otros,

cuando la luz de aquellos que más brillan

me provoque un juicio prematuro.

 

 

 

 

 

 

 

9

 

Sentado aquí junto al largo río de la vida

contemplo el paso del tiempo con la clara luz

de la aceptación que nace de ti,

oh, conocimiento, que derramas tu noble gracia

sobre el vaivén de mi débil memoria.

 

Aquí, justo al borde del río me siento río,

y navego por los cauces internos

de mi paciente objetivo inconcluso

de llegar al mar de la abundante quietud

donde sea al fin yo como el aire detenido

que alimenta con su oxígeno las altas ramas.

 

Aquí en comunión con el árbol y su libélula,

distraído, embelesado de calma,

hecho respiración,

solo respiración,

jaculatoria y mantra del sosiego,

aquí, para siempre con la nada y conmigo

contemplando el transcurrir del tiempo y su paisaje.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

10

 

Llévame a la compasión de mí mismo

cuando note que todo a mi alrededor se crece

y sienta yo el deseo de que nadie

sobresalga por encima de mi pobre altura,

cuando me corroa el daño al saber

que otros son mucho mejores que yo.

                                             

Llévame a la compasión de mí mismo

cuando no sea capaz de admitir

la levedad de mis ínfimos logros

y el ego que me acompaña quiera devorarme

para ser él sobre todas las cosas. 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

     

 

 

 

                         LA PULSIÓN DEL TIEMPO 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

LUNES

 

Todo primer comienzo

se crece por la propia fuerza que en sí contiene.

Arrebato es el empuje en sí mismo. La lucha,

el hálito del primitivo instante genera

a la propia inercia dotándola del poder

que capacita.

 

Qué hermosa es la posesión del arriesgado arrojo.

Qué sublime la dicha de propagar el débil

inicio de la nada

para convertirlo en materia de pensamiento.

 

Posarse en el lomo de las ideas implica

agarrar unas bridas

y escrutar un desconocido largo camino.

 

Pon en marcha el motor que te arrastre al viento.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

MARTES 

 

Después de ese primer impulso aún es necesario

seguir creyendo en el despegue, tener fe ciega

en la propulsión firme,

acomodarse a la creencia de un albo sendero

de luz dosificada,

atrapar la invisible hoja de ruta y sellarla

de un caro compromiso.

 

Un camino es siempre la distancia que los ojos

alcanzan por sí mismos,

sin más dirección que el salvaje instinto primero,

ni más meta que el constante avance progresivo.

 

La fuerza ha de venir de las precipitaciones,

de las lluvias moderadas que riegan tu interior,

aquellas que llenan los ríos y los embalses

de tu magnánimo estanque de clara hermosura

para convertirlo en fuente de eólica energía

que te lleve a ser aire por el inmenso aire.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

MIÉRCOLES

 

Acompáñate del sosegado canto interior.

La música que nace de ti es más música.

Tararea el estribillo para ver que existes,

para ver que es verdad que caminas, que tus pasos

llevan el compás acompasado que tú quieres,

y que tus pies remontan un vuelo imaginario

de sereno equilibrio.

 

Todo sonido alerta de la vida al contarnos

la cercanía de las cosas que apenas vemos.

 

Deja que el viento vibre contigo y se estremezca

y tiemble.

Admite al ritmo que te acompaña y acaricia

sus cadencias,

¿no ves cuánta luz se deshace en elogios cuando

emites tiernamente esa tuya melodía?

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

JUEVES

 

Habrá algún tópico jueves que todo te falle

cuando la magia huya de ti y la densa niebla

rete tus dominios.

Puede que pierdas la amada luna y el camino

se haga oscuro

de trágica negrura y selvático vacío.

No te ensañes en la arriada escena fieramente

contra el mal que te aflige,

ni apuñales a los falsos fantasmas

que se muevan en las sombras.

Acepta la hendidura que venga de la tierra.

Cada falla arrastra un dolor interminable

de extrema geología.

Ya conoces el ambicioso origen

de los terremotos.

Así que sólo queda esperar el ansiado encaje

de las tectónicas placas.

Su acomodo traerá de nuevo ante ti

la deseada luz y el calmado sosiego.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

VIERNES

 

Manipula los resortes de ti mismo.

El entusiasmo está en la acción decidida,

en la mirada que mira el esplendor

de las mañanas,

en el sueño que sueña el ocaso de los sueños.

Sigue el paso a los días de auroras boreales.

Persigue el encuentro de la flor que duerme

sobre la escarcha para ofrecerle la brisa.

Inmerso en la inmensa multitud continúa

haciendo camino donde nadie te acompaña.

Persevera. Tu fuerza es tu poder

y no tiene límites.

Aprende también que el vacío será un fiel compañero

que puede visitarte cada vez que quiera.

Háblale sin miedo por si acaso le aburres.

Quizá quiera huir si sospecha de tu fuerza.

Pero tú sigue. Así es la vida. Y así debes enfrentarla.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

SÁBADO 

 

También los sábados podrían destronarte

y sumarse al triste vacío de los jueves

si esperas mucho de ellos.

Si, además, te abandonan también los amigos

y ya no eres el que eras,

y te sientes despojo y te sientes basura.

 

Si ya nadie te invita a su maldita fiesta

y el júbilo y la alegría

adquieren el pálido color de la tristeza.

Si el dolor o la pena te han doblado para siempre,

puede que estés muerto.

Resucita. Bebe el agua de la vida,

levántate como Lázaro y camina

hacia los claros espacios de los espejos

que multipliquen tu debilitada figura.

 

Y ahí, lima los vértices y los ángulos,

endereza los hombros descolgados

y arroja el agrietado pensamiento que te come.

Elabora una nueva sonrisa que achique el miedo.

Adelanta los ojos con expectativas de vencer a la derrota

y, profundamente, respira, respira,

hasta que todo el oxígeno se cuele por tus venas.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

DOMINGO

 

Busca el remanso de tu propia soledad

a cubierto de guerras y francotiradores.

La paz es la única armadura vulnerable

que siempre acribillan sin culpa y sin piedad

los hombres degradados a sí mismos.

Cualquier enemigo es una descompensación

dañada en la oxidada corroída virtud

que no se ha cultivado.

 

Por eso te pido que busques tu cueva.

Hazte troglodita un día a la semana

y prueba a oír el silencio.

Tal vez descubras el escandaloso ruido

que provoca la nada y el estertor del vacío

decadente que agoniza.

 

Si la muerte llega en forma de lágrima nueva

y la congoja rompe en clamoroso llanto,

entonces puede que crezca en ti la espiga

que renueve tu alimento.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

ENERO

 

Enero llega con el regusto de la dicha frustrada,

con la ilusión repetitiva del nuevo año que comienza,

y con la pueril creencia de que algo bueno

cambiará para siempre al final del estío.

 

Mas eres tú quien te empeñas en mirar al frente

como queriendo abarcar el futuro

que sólo a los dioses pertenece. Y te engañas

a ti mismo, y acaricias los fríos atardeceres

pensados con la magia de tu impronta bondad.

Eres tú quien sueñas a sabiendas el falso sueño

para concederte un paraíso de helada esperanza.

 

Se ve que te gusta darle al tiempo una tregua

de clásica hermosura inacabada

y regodearte en las vagas tinieblas de la noche

sobre las copas de los más altos árboles

oteando en el horizonte no se sabe qué ni para qué.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

FEBRERO 

 

Este mes trae un boquete abierto de pérdida,

el lema de febrerillo el loco en la solapa,

un desgaste temerario al pie de los días,

el desamor vencido sobre livianas tardes

y la monótona decadencia en la heredad.

Así y con todo el hálito se activa en sí mismo

cuando la luz se abre al último decanato.

 

Cuántas veces has querido precipitarte

por la tórrida escalera de los días

para alcanzar un nuevo catártico ciclo.

Cuántas veces has tachado uno a uno

todos los días del calendario sin saber

por qué extraña razón quieres el avance.

 

Tal vez esa pulsión del tiempo es sólo una señal

de que estás aún tan vivo,

que la muerte te rodea por todas partes. 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

MARZO 

 

Marzo embala el indulto del invierno en albricias.

El perdón corre por los arroyos

como una suave brisa que anunciara vida.

La amnistía se eleva por los troncos

y atraviesa las duras paredes expresando el verdor

de las hojas que crecen iracundas por la luz.

Latentes seres eximen su letargo

para dar rienda suelta a la conmutación.

Perdonarse a sí mismo mueve y conmueve

a la severa savia de la intransigencia que fluye,

se ablanda y se enternece.

La gracia de la indulgencia –entonces- se hace imperiosa

cuando el curso del río nos arrastra

con el férreo poder de su propia corriente.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

ABRIL

 

Abril hierve en la humedad de los deseos

y arrastra consigo un olor a tierra fundida.

Un vigoroso intercambio de fluidos confluye

en los orificios del placer

sobre tálamos de fuego urgenciados.

 

Son las mismas pasiones de siempre

buscando ejercer el exacto rol del movimiento,

la misma ritual lucha de la posesión,

el igual consabido anhelo de saciar

la extrema exigencia de la carne.

 

No sabría distinguir si es el cuerpo o la mente

quien busca la celebración de los días inagotables,

la vislumbre expectante que aboga para sí

la salvación en la entrega desmedida,

el éxtasis doblegado al suicidio de la seducción

que siempre llega como arrebatado vendaval

o como lentísimo veneno despiadado.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

MAYO 

 

Al fin los días se entregan a la luz como un delta  

se entregara a la llana desembocadura de las palabras.

Y es mayo quien tiende puentes sobre las dársenas

del ancho río que nos separa de la otra orilla, tan necesaria.

Es momento de establecer lazos, fornidos vínculos

que nos envuelvan con el paisaje de las otras flores.

 

El diálogo es un acueducto transparente de cristal,

una cita desnuda con la idea abierta que se expande

y se asienta sobre exedra de mármol en el límpido aire,

es verbo para el acuerdo que verifique la solución del conflicto,

el sí rotundo que se estrecha en las manos como ósculo.

 

Divino es quien acude al encuentro con su mente dilatada,

libre en la atadura de la idea preconcebida,

expedito para estampar el sello de la absolutoria salvación.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

JUNIO

 

En todas las fronteras proclama junio su odisea 

desplegando un olor a plegaria y a obsequio.

Lo lejano es siempre una invitación bohemia,

una alternativa de lo viejo que espera como el crisol.

Ante esa lejanía la escondida inquietud brota rebelde

y salta sobre el vacío más distante.

Ir allí es la única decisión posible ante tanta carencia.

 

Quien más sabe de la sed ya no quiere dormir

en los desiertos ni llorar en las madrugadas

ni sudar en el tormento de los peligros.

Quien más sabe de la sed no quiere ahogarse

en el diminuto estanque de su saliva

ni quiere días como noches que se lo traguen.

Quien más sabe de la sed no se detiene ante nada

porque todo le aprisiona y le acorrala y le detiene.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

JULIO

 

Siempre hay un miedo arrinconado, una vergüenza

impenitente que no aminora su rubor ni en verano

cuando los cuerpos exhiben todo su esplendor.

Las pequeñas tragedias no se imponen nunca fieramente

ni se enfrentan a la verdad de su mínima existencia

y se abandonan a su suerte como hijas huérfanas.

A veces esperamos que el tiempo les gane la batalla

sin estrategias, sin esfuerzo, sin lucha.

 

Pero un día llega julio y te das cuenta del desastre,

te das cuenta de que el peso es mayor del que pensabas

y la nimiedad ya no es tal nimiedad sino una carga

que crece con los años. Y te dices a ti mismo que ya es hora

de acabar con el pequeño problema, aunque cueste su reparación

el sufrimiento de una magnánima tragedia.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

AGOSTO

 

No es el descanso de las vacaciones de agosto

lo que más necesitas, sino esa dulce serenidad

que te encumbre sobre ti mismo, sobre tus actos.

 

Ese estado de equilibrio, de ser inalterable, elevaría

la noción que te define, te daría ese porte emblemático

de quien afronta la vida con la calma del sabio,

de quien imperturbable da la réplica sin alterarse

y es capaz de despejar las dudas impávido,

con la firme beligerancia de un santo lleno de dulzura.

 

Pero, ¿serías tú esa persona, entonces? ¿Cuánto tiempo

serías capaz de mantener la susodicha compostura?

 

Tendrías que nacer de nuevo, algo improbable, por cierto,

para tal cambio. Mejor es que aceptes tus posiciones.

La tolerancia siempre empieza ejerciéndose consigo mismo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

SEPTIEMBRE

 

Que nadie se quede en la puerta. Que entren todos.

Que participen del gozo de la exuberante cobranza.

Agasajadlos con los abundantes frutos de mis campos.

Así gritaba aquel hombre rico a sus criados, nervioso,

temiéndose lo peor, como si una fatal intuición

fuese a cumplirse. Y así ocurrió: nadie se sentó a comer

a su mesa. Se pasó el día solo, esperando a sus amigos.

 

No importa, se dijo, invitad hoy a todos mis vecinos,

abridles mis puertas, que coman de los copiosos manjares.

Hartadlos con el vino más añejo de la inmemorial cosecha.

Ofrecedle a los postres lo mejor de mi despensa.

Pero nadie acudió. Todos, cortésmente, se disculparon.

Una terrible desazón se apoderó de su espíritu ante tales

circunstancias. ¿Qué haría con tanta sabrosa primicia? 

 

Entonces llamó al mayordomo y le hizo saber sus intenciones. 

Reúne a todos los criados y que se coman toda esta comida,

hoy yo presidiré la mesa, diles que serán mis invitados.

A la hora acordada nadie se pasó por el gran salón

y aquel poderoso hombre regentaba una suculenta mesa vacía. 

Una rata comía de soslayo sobre un plato en la otra esquina.

Y emitió un breve chirrido de palabras con sorna:

se recoge lo que se siembra.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

OCTUBRE

 

A veces vivimos aherrojados a los salvajes pies

de extraños caballos fingiendo el miedo real,

comulgando con la herradura que amenaza,

estancados en la propia débil vulneración,

viviendo una dependencia incómoda.

Una especie de esclavitud nos arrastra cobardemente

por los caminos del acatamiento dócil,

confundidos entre el respeto y la admiración,

pues no queremos morir en la contienda.

 

Pero cuando la sumisión embarga al dolor,

y humillan la frágil palabra que quiere crecer,

cuando el desprecio te deja a ras del suelo,

una corriente rebelde de cordura se impone,

y se pierde el miedo y la vergüenza y el estilo.

Y ya no te conocen, y ya no saben quién eres,

y se extrañan y se asombran y se espantan

de tus actos y de tus graves sorpresivas declaraciones. 

 

Pero tú ya has dado el paso dispuesto a ser tú mismo

y ya no dejas que pase octubre,

y ya no hay quien te pare ni quien te haga desistir

porque nadie merece ninguna descompensación,

y la vida es para todos y todos debemos vivirla

en la espuma del equilibrio.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

NOVIEMBRE

 

Hay males que aquejan al cuerpo y lo degradan

mientras se van llevando el alma lentamente.

Esa aflicción contagia a los que rodea y los impregna

de un llanto sin lágrimas, de una congoja oculta

en el centro del pecho, como firme espada atravesada.

 

Nadie habla del dolor ni del miedo que reina a sus anchas,

pues un tabú se impone al borde de los labios y transforma

en sonrisa la pena y en falsa alegría el silencio. 

 

Hay noviembres que deciden acabar con todo el sufrimiento

y se atribuyen el deber de dar fin a tanta incertidumbre.

Cuando este hecho llega sabes que fue lo mejor

pues la pobre víctima no merecía tanto escarnio.

 

Sin embargo, uno se pregunta: dónde está el alma de los otros,

de los que no murieron y se quedan aquí con el recuerdo vivo,

presente, doblegado a su memoria como una pesadilla.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

DICIEMBRE

           

Hagamos balance. Veamos cuánto nos queda

de la ilusión que pusimos en aquel objetivo,

comprobemos si dimos salida al orgullo,

si conseguimos deshacernos del dolor y del miedo.

Es tiempo de revisar las tareas, tocarlas con las manos,

moldearlas de nuevo, sopesarlas en la conciencia,

examinarlas en la pauta de la verdad fehaciente.

Repasemos uno a uno todos los actos que hicieron

temblar a los cimientos de las recónditas entrañas.

Busquemos los restos de las vísceras dispersas

por aquella bomba que cayó a nuestros pies

el día del arrebato suicida de nuestros enemigos.

Ordenemos la esperanza con la fe puesta en la cima.

Diciembre nos trae el cartel que anuncia semana

para el arqueo contable del periodo.

Hagamos el parón. Es hora de confrontar el bien y el mal,

la verdad y la mentira, el sí y el no de nuestros actos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

PRIMAVERA

 

La potestad de los días aquí,

discurriendo en la vertiente ruinosa

del esplendor de las flores,

abrasando el tiempo en la mirada,

aprendiendo de la exultación, del júbilo

y de su caduca breve existencia.

No hay otra cosa que hacer sino mirar la luz

de los pétalos derramándose en el vacío

y entregando al aire el caudal de su belleza.

Todo es propicio para el encantamiento

al son de los arroyos y de las fuentes

mientras que un quieto dolor vive recostado

en no se sabe dónde ni por qué.

Si fuésemos libélulas sabríamos más

de la grave tragedia de la hermosura

y de la inquietud que provoca el perfume

en esta estación de viejas melancolías.

Nada reconforta más que vivir exhaustos

contemplando el vuelo de seres imaginarios

libando el néctar de nuestros deseos.

Es la ciudad quien siempre nos remite

al mismo destino de generosos balcones 

brindando a los ojos un breve paisaje

de imperial ascensión  y proclamada caída.

Pero, entre tanto, henos aquí, entregados

a los perfiles de las campanas tocando

el himno constante que anuncia la triste

enseñanza de siempre, la misma angustia;

el recordatorio credo de saber con certitud

de la cíclica melodía del tiempo

y de la decadencia que siempre acompaña

a quienes viven y vivimos bajo su exterminante yugo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

VERANO

 

Los interminables calurosos días

como una laxitud detenida

escoltan al seco paisaje derrotado

por el ávido lentísimo fuego.

Nadie diría que los pastos fueron

luminosa verde hierba erguida que soñara

de la mañana a la tarde con tocar el cielo.

La destrucción llega en calma abrasiva,

despacio, lentamente,

inundando a los cuerpos

de su trágico color para la muerte.

O sería mejor decir: inundando a los cuerpos

de su mágico color para el olvido.

El olvido de existir. Eso sería más acertado.

Vivir para vivir el olvido de la existencia,

la existencia anodina, insípida,

de tantas tardes siendo devorados

por la leve llama que ejerce

la trágica misión del estallido.

La vida es una pira oculta

que aniquila en la sombra,

entregada, activa, dispuesta a cumplir

el deber que le otorga el destino.

El mismo destino de siempre.

El destino de la aniquilación.

Y aquí estamos y aquí seguimos

dando cumplimiento

a las horas veraniegas,

aprendiendo del resquemor ancestral

que nos guía en la sapiencia de saber

que todo concluye. 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

OTOÑO

Los fugitivos días se entregan de lleno

a las oscuras sombras de la noche

y arrastran consigo la extraña evocación

del misterio final que se aproxima a sobresaltos

igual que el vaivén de una llama.

Todo otoño induce al sueño interior que guía

los actos del destino

para aprender del poder de la penumbra,

de la dañina soledad que se ahoga en sí misma

acurrucada bajo la doble manta,

buscando y nombrando a la cálida palabra

como falaz salvación

que nunca nos evita de un destino anunciado.

Desde aquí vemos caer una a una las hojas

del orgullo, la arrogancia y la inconsciencia

de creer que ninguna brisa puede derribar

el débil péndulo que nos une a la vida.

Pero cuando te das cuenta del frágil sostén que nos ata,

cuando comprendes lo fácil que es caer

al hondo precipicio del vacío y de la nada,

ves con claridad de qué tierno material estamos hechos.

Y entonces una terrible desazón marca tus pasos.

Y donde antes había existencia y descuido,

ahora hay sospecha, precaución y miedo.

Y el beligerante desafío tonto, maquinal

contra todo aquello que se cruzaba en el camino,

ahora se convierte en tristeza apocalíptica

al advertir la breve fugacidad del tiempo. 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

INVIERNO

 

Oh, tenues fríos días del invierno

que acogéis al abrigo de las noches

la creación de la breve existencia

en el regazo calentito de la tierra,

ahí donde el germen empieza fértil

un sendero caduco y de abolengo.

Conocéis bien el trágico destino

de todo lo que aquí vibra y se mueve

y seguís dando la impronta al letargo

igual que si en ello os fuera la vida.

Es triste saber que todo al fin muere

igual que vosotros generosos días

moriréis sin salvación posible

cuando llegue la aciaga aflicta hora.

Pero mientras tanto, oh amados días,

repartid al son de las gratas lluvias

biografías nuevas para el vergel

y la creencia de que viviremos

aquí siempre, por siempre y para siempre.

 

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